KATMANDÚ, Nepal — Rápido, si son las 8:40 p.m. en Nueva York, ¿qué hora es en Katmandú?
La respuesta es las 6:25 de la mañana del día siguiente, justo cuando la capital de Nepal empieza a cobrar vida:
las vendedoras del mercado colocan verduras frescas y chiles, tanto delgados como gruesos; hombres santos hindúes y budistas encienden incienso y lámparas de manteca clarificada; la niebla tóxica ahoga el siseo de los barrenderos y el tañido de las campanas de los templos.
La singular zona horaria nacional de Nepal —cinco horas y 45 minutos por delante del Tiempo Universal Coordinado— es solo una muestra de la férrea defensa que el país hace de su singularidad.
Su bandera, compuesta por dos triángulos que simbolizan el
Himalaya, es el único estandarte nacional que no es rectangular. Nepal también cuenta con su propio calendario.
En Katmandú, el año es 2083, 56 años, ocho meses y pico por delante del calendario gregoriano, utilizado en gran parte del resto del mundo.
Un hombre se unta el rostro con polvo de color bermellón durante el 'Sindoor Jatra', parte del Bisket Jatra, en Thimi, en las afueras de Katmandú, NepalEFE/ Narendra Shrestha
El orgullo que ha dado origen a estos distintivos símbolos de identidad nacional tiene sus raíces en la geografía de Nepal.
Sus montañas y valles, habitados por decenas de grupos étnicos, se encuentran entre India y China.
Limita con otras tierras del Himalaya, como Sikkim y el Tíbet, que fueron absorbidas por esas naciones más grandes.
Cuando las potencias imperiales se repartieron Asia, Nepal, con sus guerreros forjados en las montañas, resistió.
«El pueblo nepalí se siente muy orgulloso de haber sido independiente durante siglos y de no haber sido colonizado jamás», declaró Jaya Raj Acharya, diplomático jubilado que fue embajador de Nepal ante las Naciones Unidas.
«Este sentimiento de identidad nacional nos une, a pesar de que hoy hablamos 123 idiomas en un país del tamaño aproximado del estado de Nueva York».
La hora estándar de Nepal se estableció oficialmente en 1986, con 15 minutos de adelanto respecto a la zona horaria de la India, a la que estaba vinculada.
Esta declaración de excepcionalismo nacional, exhibida en una torre del reloj de Katmandú construida originalmente en 1894, parece gozar de gran popularidad entre la población, aunque obligue a los nepalíes a realizar cálculos rápidos al viajar o concertar reuniones fuera del país.
De pie frente al aeropuerto de Katmandú, antes de su vuelo a Corea del Sur para estudiar economía global, Alan Thapa, de 18 años, aseguró a su familia que los llamaría al aterrizar, y acto seguido restó 3 horas y 15 minutos a su hora de llegada.
Una cordillera nevada se alza sobre el valle en una mañana brumosa en Katmandú, Nepal, el 11 de octubre de 2025. REUTERS/Navesh Chitrakar
“Estoy estudiando economía”, dijo.
“No es un cálculo difícil”.
El meridiano que define la zona horaria de Nepal atraviesa el monte Gaurishankar, un pico del Himalaya visible desde las afueras de Katmandú en los escasos días sin contaminación atmosférica.
Existe un chiste que dice que la hora estándar de Nepal concede un margen de 15 minutos a una población perpetuamente apurada.
El chiste cobra sentido cuando uno se encuentra atrapado en los atascos de Katmandú, con su cacofonía de coches, motocicletas, autorickshaws, vacas y cabras; sus porteadores cargando pesos imposibles; sus frecuentes procesiones festivas de carros gigantes seguidos por acróbatas con máscaras de demonio que rezan por la lluvia o una buena cosecha.
Durante siglos, antes de que los occidentales se adueñaran de la hora —eligiendo el Observatorio de Greenwich en Londres como meridiano de referencia y otras longitudes para representar las demás horas del día—, los habitantes de Katmandú averiguaban la hora oficial visitando una piscina rectangular en el complejo palaciego de Hanuman Dhoka, sede de la monarquía.
Allí, en cuanto un rayo de sol asomaba por las estribaciones del Himalaya que rodeaban la ciudad, se vertía agua en una serie de cuencos a intervalos de tiempo específicos, según han relatado los historiadores.
La gente podía entonces consultar a un astrólogo para determinar el momento más propicio para, por ejemplo, una boda o la ceremonia de imposición de nombre a un niño.
Hoy, los turistas deambulan por el complejo palaciego, desprovisto de ceremonias desde que la monarquía constitucional fue derrocada en las elecciones de 2008.
Perros desaliñados duermen la siesta a la sombra de leones de piedra.
Un Land Rover oxidado descansa en un patio.
En 1962, el entonces rey sobrevivió a un intento de asesinato en ese vehículo.
Su hijo y sucesor, el rey Birendra, no tuvo tanta suerte.
En los últimos días de la dinastía Shah, en 2001, el príncipe heredero Dipendra masacró a nueve miembros de la familia real, incluidos el rey y la reina, antes de quitarse la vida.
Tradiciones
Algunas tradiciones no desaparecieron con la caída de la monarquía.
El Bikram Sambat es el calendario oficial de Nepal, basado en preceptos hindúes.
Cada año, un comité de astrólogos y astrónomos autorizado por el gobierno determina la fecha exacta de inicio del año siguiente, según las trayectorias del sol y la luna.
A diferencia del calendario gregoriano solar, con sus 12 meses fijos y un año bisiesto cada cuatro años, el Bikram Sambat presenta una ligera variación, comenzando el año nuevo a mediados de abril.
El número de días de cada mes varía según el año y puede llegar hasta 32.
Shree Krishna Adhikari, experto en astronomía y astrología, dirigió el comité de siete miembros durante cuatro años y se jubiló el pasado mes de julio.
Ahora, a sus 77 años, presidió los debates entre los miembros ortodoxos y modernistas del comité sobre cómo determinar las horas exactas de las fechas propicias para la oración y la celebración.
Según él, los tradicionalistas se aferraban a métodos matemáticos antiguos, lo que conducía a cálculos erróneos.
“En aquel entonces no teníamos computadoras”, dijo.
“Debemos confiar en las matemáticas, la ciencia, la era de los descubrimientos modernos”.
Sin embargo, a Adhikari le molestaba la idea de cambiar al calendario gregoriano.
“No podemos abandonar el mundo que crearon nuestros antepasados”, dijo.
“Esto es lo que nos hace nepalíes”.
En esta nación tan diversa se utilizan otros calendarios, entre ellos uno budista tibetano.
Otro es el calendario del pueblo newar, originario del valle de Katmandú, que profesa tanto el hinduismo como el budismo.
Desde 2008, este calendario también tiene estatus oficial en Katmandú.
La mayoría de los años en el calendario newar tienen 12 meses, algunos tienen 13 y unos pocos tienen 11.
En la cosmología newar, actualmente es el año 1146.
Existen aplicaciones para ayudar a los nepalíes a convertir entre calendarios.
Si bien la abundante documentación del país utiliza el calendario Bikram Sambat, se tienen en cuenta las normas internacionales.
Los pasaportes nepalíes utilizan el calendario gregoriano.
La importancia de las tradiciones lunares y solares para la medición del tiempo en Nepal se ve reflejada en la bandera triangular del país, que está decorada con una luna y un sol.
Durante los últimos 20 años, Laxmi Narayan Shilpakar se ha mantenido casi a diario en la plaza Durbar de Katmandú, sosteniendo un banderín nepalí más alto que él. Shilpakar, de 70 años, afirmó que comenzó a ondear banderas para promover la reconciliación poco después de la década de insurgencia maoísta que azotó el país y que se cobró casi 18.000 vidas.
“En aquel entonces, la gente intentaba dividir a los nepalíes preguntándoles:
‘¿Eres monárquico, hindú, budista o lo que sea?’”, dijo.
“Yo quería decir: ‘Todos somos nepalíes bajo la misma bandera’”.
En la actualidad, Nepal está gobernado por Balendra Shah, un rapero convertido en primer ministro, que llegó al poder en marzo tras una revolución liderada por la Generación Z.
Shah fue alcalde de Katmandú y, hace tres años, en respuesta a un mural que representaba un antiguo imperio indio y que se exhibió en el parlamento indio, el cual incluía partes de lo que hoy es Nepal, mostró en su oficina un mapa del "Gran Nepal".
Este mapa abarcaba territorios de la actual India que habían sido cedidos en el tratado de 1816 que puso fin a la guerra anglo-nepalí.
A pocos pasos de donde Shilpakar ondea la bandera nepalí se encuentra el complejo del palacio Hanuman Dhoka, el corazón simbólico del país.
En algún lugar del interior se encuentra la piscina desde donde los guardianes reales del reloj dispensaban cuidadosamente agua en vasijas de barro.
Hoy, sin embargo, nadie —ni un guardia, ni un guía, ni un historiador aficionado que recorra los terrenos del palacio— parece saber con exactitud dónde marcaba la hora el antiguo reloj de agua.
Una de las piscinas del palacio ha sido cubierta con cemento. Otra está turbia por las algas; los secretos de la cronometría de Nepal se han perdido en el tiempo.
c.2026 The New York Times Company
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