En la Pensilvania protestante de fines del siglo XIX, Charles Taze Russell, un comerciante de telas de barba prolija, pasaba horas con la Biblia abierta. De esas reuniones surgió el movimiento de los Estudiantes de la Biblia, germen de los Testigos de Jehová. En 1879 fundó la revista La Atalaya, durante décadas la publicación con mayor distribución mundial, que todavía hoy circula en plazas y calles, proclamando la salvación y la inminencia del fin del mundo. Con el tiempo, la organización se consolidó como una comunidad pequeña, pero profundamente convencida de que el Apocalipsis está cerca. Una certeza que ordena la vida cotidiana, las relaciones y la percepción del tiempo.

Testigos de Jehová en La Plata. Foto: Mauricio Nievas

Sobrevivir al paraíso: más allá de los Testigos de Jehová, la serie española (HBO) no solo habla de salvación. Se centra en la salida, cuando la fe organizada convive con la posibilidad de abandonarla. En uno de los episodios de la serie, una mujer recuerda el instante en que dejó de existir para su propia familia. No murió ni desapareció: fue expulsada. Durante décadas, estas experiencias quedaron encerradas dentro de la vida interna del grupo, lejos de la mirada pública. El streaming abrió una mirilla sobre escenas que durante décadas pertenecieron a la intimidad de la vida religiosa. Son documentales sobre sectas, comunidades cerradas o líderes espirituales frente a cámara, que mezclan investigación, testimonio personal y una pregunta más amplia sobre la fe en la cultura contemporánea.

En América Latina, donde las afiliaciones religiosas conviven con las transformaciones de la época, esas historias adquieren un espesor particular. La socióloga de la religión Verónica Giménez Béliveau observa que hoy prolifera la circulación: las trayectorias religiosas ya no siguen el modelo estable que dominó gran parte del siglo XX; son desplazamientos, recomposiciones de fe. La serie funciona entonces como algo más que un testimonio: se convierte en una ventana para pensar el mapa religioso contemporáneo.

–Los Testigos de Jehová aparecían como un grupo muy visible en barrios, en las plazas de la ciudad, pero poco comprendido desde afuera. ¿Qué lugar ocupan dentro del mapa religioso latinoamericano?

–Según nuestras encuestas, los testigos y los mormones representaban 2,1 % en 2008 y 1,4 % en 2019, cifras tan pequeñas que quedan por debajo del error muestral. Su presencia es constante y con cierta antigüedad histórica, pero siguen siendo minoría.

Sobrevivir al paraíso: más allá de los Testigos de Jehová, serie española (HBO). Aquí uno de los testimonios del documental. Foto: Virginia Martín Chico

–La serie muestra expulsiones y sanciones comunitarias para quienes abandonan el grupo. ¿Cómo se interpretan estos mecanismos?

–En comunidades religiosas pequeñas, con límites claros hacia afuera, las salidas suelen ser complicadas. Al ingresar, los lazos se concentran dentro del grupo: los amigos son los del grupo. Esto ocurre incluso en la Iglesia Católica, en órdenes, congregaciones y movimientos eclesiales. Los grupos buscan que se casen entre sí y que los hijos sean miembros, para garantizar la permanencia y marcar los límites identitarios frente al mundo exterior.

–En un contexto marcado por el streaming y las redes, ¿cómo cambian los espacios donde se narran y discuten cuestiones religiosas?

–Hay muchas cosas que se vuelven públicas. Al mismo tiempo, los estudios de redes sociales demuestran que se crean burbujas de personas que piensan parecido y discuten cosas parecidas, y eso también pasa con los grupos religiosos. Las redes sociales parecen ofrecer una participación abierta. Sin embargo, la lógica de la burbuja convierte estas narraciones en espacios cerrados, donde el algoritmo delimita lo que se puede discutir. Esto también puede dar la idea de una mayor apertura, cuando en verdad sigue siendo una discusión bastante interna.

Encuentro de Testigos de Jehová en La Plata.

–En la era digital conviven misas transmitidas por redes sociales con fenómenos como las raves organizadas por el sacerdote portugués Guilherme Peixoto, que mezcla liturgia y música electrónica. ¿Cómo se reconfiguran las formas de comunidad religiosa?

–La cohesión social es una de las funciones de la religión en la lógica durkheimiana. Pero lo que hoy podemos ver es cómo estas formas se van reconfigurando y recurriendo a los nuevos adelantos tecnológicos. Eso es algo que las religiones siempre han hecho: con la tecnología del papel, por ejemplo, o cuando apareció la radio y la TV, los grupos religiosos recurrieron a las nuevas herramientas. Si bien podemos ver grupos religiosos enganchados a la tradición para construir identidad (un templo de cinco mil años o un profeta de hace dos mil), también se transforman a medida que la sociedad cambia. Mantienen estructuras de creencias, rituales y prácticas, pero deben proponer opciones religiosas para cada época. Los eventos masivos o misas carismáticas, donde se incorporan elementos como las raves católicas, integran la manera en que las religiones se acercan a la contemporaneidad.

–Se habla de “desafiliación religiosa” en América Latina. ¿Estamos frente a una pérdida real de religiosidad o es más bien una transformación de cómo las personas se vinculan con lo religioso?

–En América Latina aumenta el número de personas que se consideran fuera de su grupo religioso, pero eso no implica menos creencia. Muchas siguen creyendo, pero rechazan el encuadramiento institucional. Se reivindica la circulación, ir de un lugar a otro: los seekers, buscadores espirituales, son un ejemplo. Esto muestra la menor capacidad de las instituciones para retener miembros, y en definitiva, una crisis de las instituciones como encuadramiento de la vida social.

Testigos de Jehová en La Plata. / Mauricio Nievas.

–Si antes la pregunta sociológica era por qué la gente creía, hoy parece ser otra: ¿por qué se va?

–Creo que la gente circula, o, dicho de otro modo, mucha gente se va, mucha gente se queda, otra se muda. Pero tiene que ver con la característica de la época, que es la de la autonomía. Entonces, las personas se consideran autónomas. Van realizando sus propias búsquedas, tanto profesionales, de pareja, como también espirituales y religiosas. Y eso puede hacer que se vayan de unas instituciones y aparezcan en otras, y también puede ocurrir que salgan definitivamente del marco del creer religioso, porque precisamente, dentro de las sociedades actuales, hay otros relatos de sentido que les permiten funcionar con sus creencias. Puede ser la política, las ideas sobre la humanidad y el humanismo, u otro tipo de utopías que no son religiosas.