La primera gran tendencia de 2026 no nace de algo llamativo ni de una provocación visual inmediata. No busca impactar desde el exceso ni desde la velocidad a la que nos hemos acostumbrado. Al contrario, el Poetcore aparece como una respuesta silenciosa, casi introspectiva, a un sistema de moda saturado de estímulos, algoritmos, uniformes y fast fashion.
Es una tendencia que se construye desde la emoción, desde la palabra y desde una sensibilidad que conecta el vestir con el narrar, a través de una propuesta mucho más profunda que un look, haciendo referencia prácticamente a un estado de ánimo.
Los cuellos con moño, muy presentes en Dior. Foto: Instagram/Archivo Clarín.
En su esencia, esta estética recupera la idea de la moda como un lenguaje emocional. Se nutre del imaginario literario, poetas románticos, escritoras victorianas, intelectuales melancólicos, pero evita la literalidad. No se trata de disfrazarse de época ni de replicar vestuarios históricos, sino de traducir ese espíritu a un presente que necesita pausa, profundidad y más contemplación.
En un momento en el que la moda fue empujada a producir imágenes para ser consumidas rápidamente, este estilo va por otro lado, proponiendo prendas que se entienden mejor con el tiempo, que se sienten antes de verse y que cuentan algo de quienes las usan.
La estética se reconoce por su paleta suave y emocional, dominada por tonos pasteles, grises, beige, marrones profundos, verdes apagados y, especialmente, colores que remiten a lo orgánico y a lo antiguo, como el borgoña, el vino, el azul. Son colores que parecen absorbidos por la luz, nunca brillantes, siempre ligeramente apagados.
A nivel silueta, el Poetcore privilegia los volúmenes relajados, las capas superpuestas y las proporciones que envuelven el cuerpo sin definirlo de forma estricta. Abrigos amplios, capas, blazers de hombros suaves, cuellos altos, camisas con lazos, suéteres largos, pantalones rectos que rozan el suelo, todo parece pensado para acompañar el movimiento natural, no para imponerlo.
Los abrigos capa son una pieza elegante que vuelve con todo. Foto: Instagram/Archivo Clarín.
Los materiales juegan un rol central en esta nueva tendencia que llegó para quedarse. Se trata de un estilo que es sumamente táctil. Lana, tweed, terciopelo, encaje, algodón grueso, piezas de punto artesanal y tejidos que parecen haber envejecido bien se convierten en protagonistas.
Hay una búsqueda clara de textura, de peso visual y de cierta sensación de herencia, como si cada prenda pudiera haber sido encontrada en una tienda vintage antigua o heredada de algún antepasado con una historia interesante. Incluso cuando las prendas son nuevas, el efecto buscado es el de lo vivido, lo usado, lo cargado de memoria.
Este regreso a lo emocional no es casual. El Poetcore emerge en un contexto donde la moda empieza a cuestionar su propia velocidad y superficialidad.
Después de años en los que reinaron el athleisure, el minimalismo extremo y las estéticas dominadas por las redes sociales, la industria parece estar pidiendo algo distinto, una moda que vuelva a conectar con el individuo, con su mundo interior y con su necesidad de expresarse de una manera más natural. Porque este estilo no compite por atención; seduce en silencio a través de prendas de calidad y colores que lo acompañan sutilmente.
El Book Tote de Dior, reinterpretado con referencias a libros clásicos. Foto: Instagram/Archivo Clarín.
Las grandes firmas internacionales no tardaron en interpretar este cambio de sensibilidad. En las pasarelas de Primavera Verano 2026, muchas colecciones dialogan con el Universo Poetcore sin nombrarlo explícitamente.
Dior, por ejemplo, profundizó su vínculo histórico con el romanticismo a través de camisas etéreas, capas livianas y referencias literarias sutiles con su Book Tote al que Jonathan Anderson reintepretó con portadas de libros clásicos.
En su colección Resort, Saint Laurent propuso una lectura más ligera de esta tendencia a partir de piezas lenceras en tonos pasteles empolvados, donde vestidos de satén y blusas románticas construyeron una estética íntima y sensorial. Esa suavidad se vio contrastada con la incorporación de elementos deportivos como camperas utilitarias, rompevientos y buzos de rugby que rompieron el romanticismo evidente y lo llevaron a un estilo contemporáneo, demostrando la versatilidad que tiene.
Por su parte, marcas como Khaite o The Row exploraron este lenguaje desde una sofisticación más minimalista incluyendo prendas aparentemente simples, pero construidas con una precisión casi poética, donde el lujo reside en la calidad del tejido, en la buena caída y en la sensación que genera llevarlas.
Saint Laurent mezcla la estética romántica con prendas deportivas. Foto: Instagram/Archivo Clarín.
Incluso firmas históricamente asociadas a la funcionalidad, como Barbour, comenzaron a dialogar con esta estética a través de capas, abrigos largos y una paleta más emocional, demostrando que Poetcore no es un nicho, sino una sensibilidad que se puede adaptar a distintos tipos de prendas.
En este contexto global, la moda local también encuentra su propia interpretación del fenómeno. En Argentina, Jazmín Chebar se posiciona como una de las marcas que mejor traduce el espíritu Poetcore a una clave más urbana.
Su tapado con cuello alto de encaje se convierte en una pieza emblemática, una prenda que combina estructura con delicadeza. El encaje, lejos de leerse como un recurso decorativo, funciona como un gesto casi literario, que dialoga con la sobriedad del corte y eleva la pieza a un plano emocional.
Las piezas de terciopelo bordó que la marca incorporó esta temporada refuerzan esa narrativa. El terciopelo, con su textura profunda y su manera particular de absorber la luz, es uno de los materiales más representativos de este estilo. En tonos oscuros y envolventes, evoca interiores antiguos, libros forrados en tela y una elegancia que no busca ser atemporal.
Jazmín Chebar logra así una interpretación local que no copia la tendencia, sino que la resignifica desde una identidad propia, demostrando que este movimiento también puede tener su toque porteño.
Chloé apuesta por camisas con volados, faldas de cuadros y siluetas fluidas. Foto: Instagram/Archivo Clarín.
Eso sí, vale aclarar que el impacto de esta tendencia no se limita a las pasarelas ni a las colecciones. Las celebridades, siempre sensibles a los cambios de clima estético, comenzaron a incorporarlo de manera orgánica en sus apariciones públicas.
Taylor Swift es quizás el caso más evidente y una de las primeras en implementarlo años antes de que finalmente llegara a terminarse de implementar el estilo que venimos analizando.
En el contexto del lanzamiento de The Tortured Poets Department (2024), su vestuario adoptó una estética coherente con el universo lírico del álbum incluyendo abrigos clásicos, tejidos nobles, siluetas sobrias y una paleta que dialogaba directamente con el espíritu Poetcore. En su caso, la moda funcionó como una extensión de lo que quiso transmitir, jugando un papel clave.
Jenna Ortega, por su parte, sabe moverse entre lo oscuro y lo intelectual, incorporando blazers amplios, camisas cerradas y una actitud que remite más a la introspección que al espectáculo. Su manera de vestir encaja con una generación que encuentra en el Poetcore una forma de diferenciarse del brillo constante de la cultura pop.
La tendencia lleva el espíritu de época a un estilo contemporáneo. Foto: Instagram/Archivo Clarín.
Esto nos hace pensar como varias figuras del cine y de la música comenzaron a alejarse de los looks excesivamente producidos o extremadamente sensuales para apostar por piezas que transmiten carácter, profundidad y una cierta melancolía que se asocia más a este estilo que se instala en este 2026.
¿Lo más interesante? Que no impone reglas rígidas. El Poetcore no exige una silueta específica ni un género determinado. Es una estética profundamente inclusiva, que se adapta a distintos cuerpos, edades y estilos personales.
Se puede llevar desde un guardarropa minimalista o desde uno maximalista; desde lo femenino, lo masculino o lo andrógino. Su fuerza reside en la intención más que en la forma. Vestirse “Poetcore” es vestirse con conciencia, con sensibilidad y con una visión propia, es mucho más que copiar una tendencia.
En la vida cotidiana, lo podemos implementar con combinaciones simples pero cargadas de significado; puede ser un suéter amplio sobre una camisa con lazo, un abrigo heredado de terciopelo combinado con pantalones contemporáneos, un broche antiguo que transforma un look entero.
No se trata de comprar más, sino de mirar distinto lo que ya se tiene. De encontrar poesía en lo cotidiano, incluso, y especialmente, en la forma de vestirse.
Las prendas con estampado de cuadros, esenciales de la moda poetcore. Foto: Instagram/Archivo Clarín.
Es que más allá de su impacto estético, esta corriente fashion habla de un cambio cultural profundo. En un mundo en el que vivimos continuamente conectados y donde la imagen se consume en segundos, esta tendencia nos invita a frenar, a observar y a sentir.
Propone una moda menos performática y más honesta con la que podamos identificarnos de verdad. Una moda que no necesita ser entendida de inmediato, porque su valor no está en la viralidad, sino en la resonancia. Es una forma de volver a encontrarnos con la que vestimos.
Así, el Poetcore no solo inaugura 2026 como tendencia, sino como declaración de principios. Es la confirmación de que la moda, incluso en su versión más contemporánea, sigue siendo un refugio para la sensibilidad, la introspección y la poesía. Y que, quizás, vestir también pueda ser una forma silenciosa de escribir quiénes somos.
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