En uno de los centros del poder mundial, Estados Unidos, comienza un debate sobre el destino de los desplazados o reemplazados por el desarrollo tecnológico, especialmente por la inteligencia artificial. Así, trabajadores de alta calificación comienzan su obsolescencia mientras que los agentes de la IA pueden realizar sus trabajos durante 24 horas por 7 días a la semana.

Están en la lista, ingenieros de software, personal de servicios al cliente, radiólogos, investigadores científicos y/o asistentes de investigación, docentes y una legión de personas muy calificadas en distintos campos de actividad junto a una creciente dificultad de graduados universitarios en obtener un primer trabajo. No es difícil de imaginar que sucedería en el otro centro del poder mundial, China, con una proporción nada insignificante de profesionales muy calificados entre sus 1400 millones de habitantes.

Hace tres décadas que he venido sosteniendo en varios de mis trabajos que el ejército de reserva de los siglos XIX y parte del XX, descripto por Marx y Engels como aquel constituido por trabajadores desocupados en tiempo de recesión o depresión, comenzó a derivar en población excedente hacia finales del siglo XX.

Los miembros de aquel ejército de reserva podían reemplazar a quienes estaban en actividad laboral porque estaban en condiciones de ocupar su lugar cuando estos presionaran mas allá de lo que sus empleadores estaban dispuestos a admitir.

Así, podían ser despedidos y reclutar en su lugar a “reservistas” por igual o menores salarios, por igual o peores condiciones de trabajo. En otras palabras, los trabajadores eran intercambiables ya que se trataba en general de trabajos de baja calificación donde la fortaleza física era determinante.

Esto comenzó a cambiar hacia avanzada la segunda mitad del siglo XX donde las industrias dinámicas dejaron de ser aquellas como la metalurgia o la petroquímica, grandes empleadoras de mano de obra, para ceder liderazgo a actividades más ligadas al conocimiento: aeronáutica, informática, ciencia de la comunicación, robótica, ciencia de nuevos materiales, entre otras.

Aquí, el conocimiento se tornaba en el insumo crítico y las capacidades cognitivas de los trabajadores y sus credenciales educativas se volvían determinantes para insertarse en los nuevos ejes dinámicos de la economía.

Como consecuencia, los trabajadores dejaron de ser intercambiables y aquellos no insertos en la economía moderna abandonaron toda esperanza de ingresar a ella y pasaron a integrar una población excedente sin las competencias cognitivas necesarias para emplearse en la nueva economía y condenados a vivir en actividades de baja productividad, ayuda estatal o inserción en actividades delictivas.

Me preguntaba sobre el destino de esta población y el impacto que traería aparejado augurando tiempos muy difíciles para la vida en sociedad.

Ahora bien, algo que está sucediendo ya avanzado el siglo XXI, no contemplado en mis trabajos previos, era la profundización de este proceso por el aporte de la Inteligencia Artificial a la población excedente, sumando ahora a personas de altas calificaciones y credenciales.

O sea, ya amplias calificación y credenciales educativas no son suficientes para evitar la caída en la población excedente y el tema vuelve a poner en el tapete el impacto en la dinámica social. ¿Asistirán pasivamente a su condición de marginalidad y exclusión; el brutal contraste entre ellos y una oligarquía multimillonaria con consumos suntuarios a la vista de todos ¿no traerá consecuencias revulsivas?

Los trabajadores del siglo XIX fueron paulatinamente desarrollando organizaciones sindicales y políticas que culminaron a fines de ese siglo y comienzos del XX en movimientos revolucionarios de altísima conflictividad. Los desplazados actuales tienen en sus filas crecientemente miembros informados, con variados conocimientos y con mucha más capacidad de daño que aquellos trabajadores ancestrales.

La idea de un ingreso universal vuelve al candelero dado que supuestamente nos encaminamos hacia una explosión de productividad que permitiría elevar las condiciones de vida de la humanidad. Hasta ahora las escasas experiencias de esta solución indican que han sido poco universalistas y constituyendo un ingreso pobre que no permite escapar de la pobreza

Será posible encaminarnos a un ingreso universal que dé cuenta de las necesidades básicas humanas (alimentación, abrigo, vivienda, energía, transporte, salud, educación, básicamente). Si no fuere así, cómo hacer para conciliar el sistema económico con una democracia donde participa un mar de excluidos: ¿reformar el sistema de producción y distribución para una mucho más armoniosa relación entre mercado y Estado? ¿acabar con la democracia? Cómo resolver el conflicto permanente que la exclusión trae aparejado: ¿represión? ¿manipulación de las mentes?

Tenemos temas bastante importantes de debate para conocer donde estamos parados y qué debemos hacer para que la humanidad aproveche la mayor productividad para sociedades de mayor bienestar. Ojalá podamos evitar el acostumbramiento a una realidad que nos puede llevar, como en el caso de la rana cocinándose a fuego lento en el recipiente, a horribles escenarios.