La reciente guerra en el Medio Oriente de Estados Unidos e Israel contra Irán nos ha mostrado, entre otras realidades, el enfrentamiento que existe entre los países musulmanes. Lo cierto es que este episodio bélico no marca el inicio de estas diferencias, ni es un caso aislado, sino que refleja la cúspide de esta lamentable situación: un mundo musulmán dividido y en guerra.
Cuando estallaron en el siglo VII las primeras rebeliones y divisiones en el islam durante el Jalifato de Usman, el tercer sucesor espiritual del profeta Muhammad, nadie se hubiera imaginado que estas discrepancias culminarían así catorce siglos más tarde. Hoy, los casi dos mil millones de fieles del islam no están separados solo por las fronteras geográficas, sino sobre todo por más de 70 denominaciones teológicas.
Frente a esto, no es casual que el propio mundo musulmán sea el epicentro de numerosas guerras civiles y confrontaciones militares. En un Medio Oriente que ya hace décadas no conoce lo que es vivir en paz, a menudo los musulmanes combaten entre sí, calificando al otro como “infiel”. Y, aun peor, buscan en potencias no musulmanas un sostén político-militar con el fin de superar y eliminar a su rival interno.
Pese a las grandes controversias, como musulmán, miro con verdadera esperanza los acontecimientos de esta semana y trato de encontrar una caricia para el alma en medio de tanto dolor y sufrimiento. Espero con ansiedad el resultado de las negociaciones por la paz entre Estados Unidos e Irán, y aún más la peregrinación a la Meca que une a más de 1,5 millones de peregrinos de todo el planeta.
En la ciudad de la Meca (Arabia Saudita), corazón del mundo musulmán, se encuentra una estructura cúbica y cubierta con una tela negra, denominada “Kaaba”. Peregrinar a este sitio, que es nombrado como “Hayy” en la terminología islámica, es un evento único en su importancia y tiene relevancia internacional.
La peregrinación ocurre cada año durante el último mes del calendario islámico, que se caracteriza por ser lunar. Por tal razón, las fechas según el calendario gregoriano tienen una fluctuación anual de aproximadamente 10 días.
“Hayy” es uno de los cinco pilares del islam y su realización es un mandamiento obligatorio que cada musulmán, sea hombre o mujer, debe cumplir al menos una vez en su vida. De todas maneras, es un mandamiento condicional y aplica solo a aquellos que poseen los recursos económicos suficientes, la salud necesaria para emprender la travesía y a los que se encuentren en una situación segura para viajar. Aquellos religiosos que no pueden llegar a la Meca se adhieren simbólicamente desde donde estén a la peregrinación, conocida como “Eidul Adha” (celebración del sacrificio).
Unánimemente para todos los musulmanes, la Kaaba es el lugar más sagrado y fue la primera casa dedicada a la adoración del Dios Único. La Meca desempeña entonces un rol fundamental en la vida cotidiana de los fieles y durante cada oración uno se dirige hacia ella, que se erige como la orientación constante y el sitio de unidad y fraternidad, sin distinción por etnia, color o estatus social, tal como se señala en el Sagrado Corán:
“En verdad, la primera Casa fundada para la humanidad es la de Bakka, abundante en bendiciones y guía para todos los pueblos. En ella hay Signos evidentes; es el lugar de Abraham; y quien entra en ella entra en la paz.” (3:97-98)
No es casual que desde allí el profeta del islam haya puesto los cimentos de la fraternidad no solo de los musulmanes, sino de toda la humanidad. Durante su última peregrinación, pronunció sus emblemáticas palabras que sirven como guía ante los numerosos desafíos sociales que padecen nuestras sociedades, tanto musulmanas como no musulmanas:
“Oh gente, su Señor es uno y su padre es uno. No hay ninguna superioridad de un árabe sobre un extranjero, ni de un extranjero sobre un árabe, ni de un hombre blanco sobre un negro, ni de un hombre negro sobre un blanco, salvo por la rectitud.”
En resumidas cuentas, la Meca cumple la función de ser un lugar de unión para toda la humanidad, tal como el profeta Abraham es considerado el tronco y el padre de las tres religiones “abrahámicas”: el judaísmo, el cristianismo y el islam. En particular, este 2026 quisiera celebrar la peregrinación a la Meca con una plegaria especial por la paz en el Medio Oriente y el mundo: que cese la guerra y que callen las armas. Asimismo, ojalá nosotros, como pueblo argentino, podamos superar nuestras diferencias y “peregrinar” juntos en paz y en fraternidad hacia un mejor futuro y una sociedad más armónica. Amén
Imam Marwan Gill es teólogo islámico y Presidente de la Comunidad Musulmana Ahmadía en Argentina.
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