Ni siquiera la polémica intervención de la jueza de silla contribuyó a cambiar el destino de Jannik Sinner, el italiano que debía quedarse con todo y terminó derretido este jueves en París. Enfrente, Juan Manuel Cerúndolo, que instantes después de concretar la victoria más importante de su vida mostró sentido común y don de gentes: "Tampoco me voy a agrandar, porque la verdad es que no le estaba pudiendo sacar más de tres games por set. Era 6-2, 6-3 y 6-1 el partido. Él merecía ganar. Y creo que se acalambró justo".
La pura verdad, pero el deporte está repleto de historias en las que no se aprovecha una victoria servida en bandeja. Sinner le ofreció a Cerúndolo el mejor plato de su vida, y Juan Manuel no dudó: el sábado jugará ante Martín Landaluce, un español de 20 años que mira con distancia las redes sociales porque prefiere leer a Séneca. Hace dos semanas, en Roma, devoraba las páginas de "El arte de morir". Sinner tendrá ahora tiempo para leerlo también.
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El Cerúndolo - Landaluce se jugará en la última jornada del infierno que es París desde hace días. Según Meteo-France, en la noche del sábado al domingo bien podrían caer sapos y culebras del cielo, cosa que a Sinner le da igual, porque estará en casa preguntándose cómo es que dejó pasar la oportunidad... ¿de su vida?
Hay algún paralelismo con lo que Roger Federer vivió en 2009, cuando Roland Garros asistió a una prematura e insólita eliminación del a esa altura ya cuatro veces campeón Rafael Nadal. Era una oportunidad única para el suizo, que en las finales de los tres años previos había sido destruido tenísticamente por el español. Era ahora o nunca. Le costó, tuvo su cuota de temblores y dudas, pero en la final derrotó al sueco Robin Soderling, precisamente el verdugo de Nadal. Federer ganó aquel Roland Garros y ningún otro más. Con Carlos Alcaraz ausente por lesión, Sinner debía aprovechar la oportunidad que le abría el español para alzar el único de los cuatro trofeos grandes que aún no conquistó.
No la aprovechó. La organización de Roland Garros programó al italiano para el primer partido del día en la Philippe Chatrier, las 11 de la mañana. A esa hora en París los pájaros se caían del cielo y a los tenistas del norte de Italia, es decir, a Sinner, las cosas se les complicaban. Porque si se va ganando 6-3, 6-2 y 5-1 y se termina perdiendo 3-6, 2-6, 7-5, 6-1 y 6-1, algo muy extraño tiene que haber sucedido.
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¿Qué? Bueno, Sinner lo explicó de manera un tanto inconexa, como su juego a partir del séptimo game del tercer set. “Hacía mucho tiempo que no me sentía así”, explicó. "No dormí muy bien, y esta mañana cuando me desperté no estaba tan bien, pero eso pasa siempre en los Grand Slams, un par de días que te sientes así. Hacía calor, pero no fue que me estuviera muriendo por el calor”.
¿Y entonces? “Comencé a sentirme muy mareado, sin energía. Dejé ir el cuarto set apostando al quinto, fue muy importante el primer juego, no lo pude ganar y todo fue cuesta abajo”.
¿Fue el calor? Sinner fue sincero: "Hacia calor, pero no era una locura".
Lo que fue una pequeña locura, en opinión de muchos veteranos observadores del tenis bajo el sol de París, fue la actuación de la jueza de silla Aurélie Tourte.
Jim Courier, ex número uno del mundo devenido en agudo comentarista televisivo, fue contundente: "Esto no se puede hacer".
¿A qué se refiere el campeón de Roland Garros 1991 y 1992? Sinner sacaba con ventaja de dos sets a cero, 5-4 y 0-40. La ventaja de 5-1 se había recortado, y el italiano se movía de forma extraña en el court central Philippe Chatrier. Estaba consumiendo más tiempo del reglamentario y debía recibir una advertencia, pero Tourte bajó de su silla a conversar con el número uno del mundo. La situación y el diálogo eran inusuales, casi insólitos.
– Sinner: Si pierdo tiempo, ¿cómo funciona ahora?
– Tourte: Si no puedes esperar, depende de lo que tengas. O bien te sancionan por pérdida de tiempo y, después, por infracción del reglamento. Si no, tendremos que ver con el fisioterapeuta de qué se trata.
– Sinner: No sé si es deshidratación.
– Tourte: Depende de ti. O llamamos al fisioterapeuta ahora, te examinan y luego reanudamos el juego.
Sinner le comentó a Tourte que se sentía mareado y se fue al vestuario para ser atendido. Volvió 20 minutos después. Courier estaba en llamas: “Esto no se puede hacer, Tourte debió haber puesto en marcha el reloj. Es injusto para Cerundolo. Esto no es una lesión, es un calambre".
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Sinner viene siendo señalado hace tiempo por un sector de los aficionados como un jugador al que los poderes del tenis le conceden privilegios. Si tras ese ingreso al vestuario derrotaba a Cerúndolo, el escándalo estaba asegurado. Pero perdió, y la polémica se tornó más teórica que práctica.
Todo lo contrario de lo que sucedió a unos 300 metros de distancia, en el estadio Suzanne Lenglen, donde el francés Moise Kouame y el paraguayo Daniel Vallejo jugaron un volcánico partido de cinco horas. Pudo ganarlo cualquiera de los dos, pero Kouame, un prodigio de 17 años, se llevó por 10-8 el súper tie break final. Vallejo, que lideraba 5-2 en el quinto set, no estaba nada contento con lo que había vivido en la cancha y dejó una afirmación para la polémica en diálogo con el sitio CLAY: “Este tipo de partidos tiene que arbitrarlos un hombre, es muy difícil que una mujer pueda hacerlo. Es un público muy pesado y hay que tener mucha fortaleza para ir en contra del público”
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