Argentina 1978: el día “más triste” de Maradona y el error que Menotti admitió décadas después
- El entrenador dejó afuera a Diego en el último recorte de la lista definitiva.
- "¿Cómo se lo digo a mi papá?”, lloró Pelusa bajo un árbol tras quedar excluido del equipo campeón del mundo.
“Es probable que me haya equivocado en dejar a Diego afuera del Mundial 78”. César Luis Menotti reconoció por primera vez esa decisión en una entrevista concedida a Radio Mitre en 2017, una determinación que cargó como una cruz el resto de sus días como entrenador y asesor técnico. El 19 de mayo faltaban apenas 13 días para el puntapié inicial del único Mundial disputado en el país; el Flaco trabajaba con 25 jugadores, pero la lista oficial tendría solo 22. Debía hacer el último recorte. Tres quedarían afuera. Uno fue Maradona. Los otros, Víctor Bottaniz y Humberto Rafael Bravo.
La historia de Diego con la Selección es conocida desde sus orígenes. Ya integraba la selección juvenil cuando Menotti lo vio y lo convocó para el partido frente a Hungría, el 27 de febrero de 1977. Ese año jugó poco en la Mayor y mucho en la juvenil. El 19 de abril de 1978 disputó algunos minutos en un amistoso ante un combinado de Irlanda. Tan poco, que Clarín analizó: “Entró cuando empezó a caer el telón. No dio para juzgarlo”.
Tras ese encuentro, le preguntaron al técnico sobre el tema y se molestó: “Maradona entrará cuando me parezca que es el momento oportuno y no cuando lo pida la tribuna”. Y sugirió que quizá no integraría la lista definitiva: “Es la interpretación genuina de nuestro país. Tiene un gran futuro, pero ser figura a los 17 años significa un riesgo si no se está preparado para afrontarlo”.
Después, el 29 de abril, convocó a Norberto Alonso, quien jugó un tiempo ante Uruguay (3-0), convirtió un gol y ocupó un lugar entre los 22, favorecido también por la presión del represor Carlos Lacoste, vicepresidente del EAM 78 y fanático de River. Fue el principio del fin para las chances de Diego.
En el libro Menotti, el primero, publicado en abril de 2025, el colega Ezequiel Fernández Moores agregó una versión desconocida, aunque coincidente con aquello que el técnico había dicho en Radio Mitre: Menotti habría asumido en la intimidad, muchos años después, un posible error en la exclusión del 10. “Con el tiempo, en las cenas con sus amigos en Mancini primero y Piegari después, Menotti, algo inusual en él, concedió que, viendo lo que sucedió luego, tal vez cometió un error al excluir a Diego. ‘Por ahí me equivoqué’”.
Lo concreto es que, después de discutir bastante con sus ayudantes, Menotti reunió a los 25 jugadores al atardecer y habló: “Este momento era inevitable, los plazos se acortan y yo tengo que dar la lista de 22. Los que salen son Bravo, Maradona y Bottaniz. Me duele mucho tener que tomar esta decisión y no quiero entrar en detalles. Espero que sepan comprender, pero también acepto lo que digan. Que Menotti los usó o que no les dio oportunidades. Pero eso no cambiará el concepto que tengo de ustedes como hombres y como profesionales”.
Es un momento que sucedió muchas veces y seguirá sucediendo. Pero ese día, esa tarde, en ese lugar, el que se quedó afuera fue Pelusa, el Diez, el mejor de todos los tiempos.
Diego lloró mucho aquel día. No había manera de consolarlo. Leopoldo Jacinto Luque, centrodelantero del equipo campeón del mundo, recordó un instante de aquella tarde triste: “Mirá, nene. Quedate tranquilo que vas a jugar tres o cuatro Mundiales. Yo sí me tendría que pegar un tiro si quedaba afuera; a vos te queda mucho por delante”, le dijo al joven Diego.
Menotti, Daniel Passarella --el capitán- y el resto del plantel insistieron para que los tres se quedaran igualmente durante la preparación y el torneo. Víctor Bottaniz fue el único que aceptó. Humberto Rafael Bravo y Diego se fueron.
“No me quedé ni un segundo más ahí: yo ya no me sentía parte de ese grupo”, recordó Maradona en su libro Yo soy el Diego.
Con la tristeza a cuestas, Menotti —que dirigió ocho años a la Selección entre 1974 y 1982— enfrentó a la prensa, que reclamaba explicaciones.
“Perdónenme, pero no voy a dar explicaciones. No se las di a los jugadores y obviamente tampoco las haré públicas. Simplemente tenía 25 jugadores y debía inscribir a 22. Había que excluir a tres. Yo ya les había adelantado que iba a proceder así. De nada hubieran valido los discursos. ¿Qué ganaban ellos si yo les decía que eran unos fenómenos, pero que igual los tenía que sacar?”, respondió el técnico.
“La tensión del momento vivido estaba marcada en la cara generalmente imperturbable del técnico. Era inútil y torpe insistir. Menotti subió a su habitación para cambiarse”, escribió al día siguiente el cronista de Clarín.
Cuenta Fernández Moores en Menotti, el primero: “Ese viernes (‘El día más triste de la Selección’, titulará El Gráfico), Ares, el periodista de la revista que casi convivía con el equipo, va saliendo del predio cuando ya es de noche y hace mucho frío. Escucha que alguien llora debajo de un árbol. Es Diego. Ares intenta consolarlo. ‘¿Sabés los Mundiales que vas a jugar vos?’. Diego le responde llorando: ‘¿Cómo se lo digo a mi papá?’. Y luego agrega que jamás perdonará a Menotti”.
Siguió llorando y se refugió en la casa de sus padres y en Argentinos Juniors. Regresó a los entrenamientos y volvió a jugar. El 21 de mayo, frente a Chacarita, brilló: marcó tres goles en la goleada 5-0. El 30 de octubre cumplió 18 años. Ese día entrenaba en un predio de Moreno con el seleccionado juvenil. Menotti, a quien finalmente terminaría perdonando, le dio permiso para ir a festejar con su familia.
En la casa de la calle Lascano recordó ante Clarín aquel partido y sus goles: “El que más me gustó fue uno que le hice a Chacarita. Fue el día que volví de la Selección”, se lee en la edición del 31 de octubre. En el Metropolitano, Maradona convirtió 22 goles y fue el máximo artillero del torneo con apenas 17 años, junto con Luis Andreuchi, de Quilmes.
“Ahí, cuando quedé afuera de la lista de veintidós, ‘porque era muy joven’, empecé a darme cuenta de que la bronca era un combustible para mí”, confesó Maradona en Yo soy el Diego. Toda una generación disfrutó -y sigue disfrutando- del fuego interno que tenía D10S.
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