'Y el ganador es…', dice el actor y humorista Kumail Nanjiani mientras abre el sobre con el nombre del Mejor Corto de Ficción de los Oscar 2026. Pero anuncia dos premiados. Por séptima vez en los 98 años del evento, hay un empate.
“Yo no entendía si era un chiste o no. Primero nombraron a The Singers y, como está por orden alfabético, los otros ganadores solo podíamos ser nosotros”, recuerda Violeta Kreimer, productora argentina del otro cortometraje ganador, Dos personas intercambiando saliva.
Cuando los nombraron, Kreimer sintió que estaba adentro de una burbuja, que no escuchaba nada, todavía incrédula de lo que estaba viviendo. “No sabía ni dónde pararme en el escenario. Mi socia, Valentina Merli, dice que se quedó mirando a Leo DiCaprio, que estaba sentado en primera fila”, cuenta entre risas.
Kreimer tiene 43 años, se crió en Vicente López, a pocas cuadras de la estación. Sus padres, profesionales de clase media, la mandaron al Liceo Francés (ver recuadro) y esa formación le permitió aplicar a una doble diplomatura de Ciencia Política en la Universidad Torcuato Di Tella y Sciences Po, en París.
“Siempre me movilizaron mucho los temas políticos, pero no me veía laburando en ese ámbito. Cuando surge la posibilidad de hacer la diplomatura, vine a Francia sabiendo que estaba la especialización en gestión cultural”, cuenta. Sin embargo su entrada al mundo del cine todavía estaba lejos. Tenía amigos en la Universidad del Cine, pero ella se decantó primero por la fotografía. Llegó a finales de 2003 a París e hizo distintas pasantías, una de las primeras fue para una exposición en el museo Casino Luxembourg.
“Descubrí el videoarte y el trabajo de Steve McQueen, Sam Taylor Wood o Gary Hill. Fue un gran aprendizaje”, recuerda.
El equipo de "Dos personas intercambiando saliva": Vicky Krieps (actriz), Luàna Bajrami (actriz), Alexandre Singh (director), Natalie Musteata (directora), Valentina Merli (productora) y Violeta Kreimer (productora).
En 2007, sus planes dieron un vuelco. Cuando Nicolás Sarkozy asumió la presidencia, endureció las políticas migratorias y no le permitieron extender su estadía en Francia. Aunque su idea inicial no era instalarse definitivamente allí, quería que la decisión de volver a la Argentina fuera propia, no una imposición. “Me voy a Buenos Aires y ahí me llama un artista para trabajar en su estudio. Regreso diciendo: ‘okay, vuelvo y decido cuándo me voy’. Nunca más me fui. Conocí a mi actual marido, director de cine, ese mismo mes”, afirma.
El trabajo era junto al prestigioso artista francés Xavier Veilhan. “Dimos la vuelta al mundo con las exposiciones”, señala Kreimer.
Después de esa experiencia, buscó un cambio profesional. A Valentina Merli, su socia, la conoció porque sus hijos van a la misma escuela. En 2019 inauguraron su productora, Misia Films. La intención era hacer cine de la mano de artistas. “Quería seguir ligada al arte contemporáneo, pero no al mundo del arte contemporáneo -explica-. Quería ir para el lado del cine y traer artistas que pudieran hacer un guion, que pudieran expresar su visión.”
Aunque el Covid-19 complicó esos inicios, lograron salir adelante. Kreimer cuenta que tenía vínculo con las Galerías Lafayette gracias al arte y que “ellos tienen una historia de mecenazgo muy fuerte”. Como el espacio estaba vacío por la pandemia, fue perfecto para filmar una serie de cortometrajes.
-¿Cómo las Galerías Lafayette se convierten en el escenario de Dos personas intercambiando saliva?
- Yo conocía mucho el trabajo de (los directores) Alexandre Singh y su esposa, Natalie Musteata, que es curadora e historiadora del arte. Teníamos gente en común y en un momento me encuentro con Alex, que me propone un proyecto que al final decidimos no hacer. Le dije que si tenía ganas de que hiciéramos algo juntos, yo tenía el espacio de las Galerías a disposición. Ya en el primer Zoom él y Natalie vinieron con una idea que se transformó en el cortometraje. Quisimos asumir a fondo la crítica del consumo de lujo usando un lugar tan fuerte como las Galerías Lafayette. Filmamos durante siete noches y cuatro días.
Dos personas intercambiando saliva -que se puede ver en Mubi o en YouTube- está situado en un mundo distópico donde la moneda de cambio son los cachetazos. Cuanto más costosa es la compra, más cachetazos recibe el comprador. La protagonista es Malaise (Luàna Bajrami), una joven vendedora de las Galerías, que conoce en su primer día de trabajo a Angine (Zar Amir), una clienta adinerada. El vínculo se transforma en una historia de amor en medio de un control represivo donde un beso puede ser una sentencia de muerte.
Violeta Kreimer tiene 43 años y tiene una productora de cine.
“En ese momento en Irán estaba el movimiento Women Life Freedom (que surge a partir del asesinato de Mahsa Amini) -señala Kreimer-. También llegó mucho la noticia de una pareja iraní condenada por bailar en público. Pero no solo queríamos hablar de Irán, sino de un mundo actual donde frente a tanto odio, la ternura es parte de la resistencia.”
En el filme, la actriz iraní Zar Amir lleva un vestido que es una obra de arte en sí mismo: creado por la vestuarista Rezvan Farsijani, la tela tiene como patrón un código QR que remite al movimiento Women Life Freedom.
El corto de 36 minutos fue exhibido por primera vez en el Festival de Cine de Telluride, en los Estados Unidos. En el Festival de Clermont-Ferrand, el más prestigioso de cortos, ganó el Premio del Público. Poco a poco, fue cosechando apoyos e incluso las actrices Isabelle Hu-ppert y Julianne Moore se sumaron como productoras ejecutivas.
-¿Cómo fue el camino al Oscar?
-Hicimos una campaña muy a pulmón, con muchos screenings, y teníamos buen feedback: el New Yorker nos compró la película. Sabíamos que teníamos chances. Los directores que viven en los Estados Unidos se movieron mostrándola y respondiendo preguntas. Justo antes de quedar nominados, Netflix compra The Singers. Y ahí sentimos que se nos complicaba, porque no podíamos competir en materia de dinero, pero decidimos divertirnos igual en la campaña. Con esta idea del beso, citamos al público a un photomaton en Nueva York para el día de San Valentín. La gente venía a besarse y se llevaba la foto impresa en blanco y negro. Jodie Foster vio la peli e hizo una entrevista por Zoom con Luàna Bajrami. Tuvimos apoyos que no fueron pagos, y el resultado demuestra que lo genuino y a pulmón todavía garpa.
-¿Y cómo te sentiste al ganar?
-Es una sensación de adrenalina incomparable. Lo más emotivo fue recibir tantos mensajes de Argentina. Cada vez me cuesta más viajar, los pasajes son caros. Fue muy emocionante sentir el apoyo de mi país.
Entre sus proyectos actuales hay una película argentina, la ópera prima de Lucía Mariani, Los días libres, que coproducen Misia y Maravilla Cine. El espaldarazo del Oscar también la traerá de vuelta al país: Dos personas intercambiando saliva podrá verse en el cine York el 28 de agosto y el 30 en el Festival de la Mujer y el Cine. en el Malba. Mientras va a Cannes y sigue con su trabajo, se mentaliza para su llegada a Buenos Aires. Todavía no sabe qué va a poner en la valija, solo que aunque vive en París hace más de veinte años y podría tener documentación francesa, en su bolsillo irá el pasaporte argentino.
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