Dos eventos jalonaron la semana: las Nacionales ganaderas en la Sociedad Rural de Corrientes, y el Congreso de Maizar en el Golden Center de la ciudad de Buenos Aires. Los une el cada vez más fuerte cordón de la integración. Veamos.

En todo el mundo, el maíz se ha convertido en la llave maestra de la ganadería. Porque más allá de la base pastoril de la cría de terneros, la tendencia universal ha sido la incorporación del maíz en los sistemas ganaderos.

En la Argentina, es un fenómeno de ida y vuelta: por un lado, donde hay maíz hay ganadería. Por el otro, donde hay ganadería, hay cada vez más necesidad de maíz. Y donde no hay ni una cosa ni la otra, porque falta el agua, cuando se puede regar enseguida viene la integración de maíz con ganadería intensiva.

Este fue uno de los grandes ejes temáticos del Congreso de Maizar. La expansión de la frontera del maíz hacia el norte de la Patagonia fue expuesta por un joven productor de Rio Negro, Nicolás García, que mostró su feedlot en el Alto Valle basado en tres formas de aprovechamiento del cultivo: silo de planta entera, silo de espigas (“snaplage”) y grano húmedo. Rindes de casi 20 toneladas de materia seca por hectárea, lo que significa una producción de 2.000 kilos de carne. Mucho mérito del ingeniero Luis Bertoia, que lidera el área forrajera de Maizar, quien “la vio” hace años y le dio un fuerte impulso al “corrimiento de la frontera” hacia el sur. Desde estas páginas lo acompañamos desde el principio.

Y hacia el norte, estuvo la presentación de Christian Jetter, gerente de la empresa Copra en el centro de Corrientes. Allí se viene manejando una integración de ganadería (14.000 vientres Braford, con cabaña incluída) con 15.000 hectáreas de arroz. En los últimos años incorporaron el maíz, lo que les permite completar el círculo. Cría, recría en verdeos de raigrás con apoyo estratégico de grano de maíz y sorgo picado, y terminación a corral con silo de maíz y afrechillo de arroz. Han tenido que resolver serias restricciones edáficas, problemas de insectos (con los Bt) y de malezas, además del clima (calor y lluvias). Pero le fuero encontrando la vuelta. Probaron de todo. Ahora manejan el riego (fundamental en suelos que no tienen capacidad de retención de humedad) con una combinación de surcos y mangas de polietileno con ventanas que permiten manejar la intermitencia correcta.

La provincia de Corrientes, explicó Jetter, produce un millón de terneros por año. Y de altísima calidad, lo que se vio en Las Nacionales ganaderas en la Sociedad Rural de Corrientes. Pero “exporta” casi la totalidad de esta producción. El maíz está llamado a revertir la situación. En Copra no solo terminan sus novillos, sino también las vacas de descarte. Valor agregado en origen. Está sucediendo.

Este camino encadena eslabones muy sólidos. Lo que está sucediendo con el silaje es fenomenal, Patricio Aguirre Saravia comentó que en los últimos 20 años se pasó de 360.000 a 1.700.000 hectáreas. Una parafernalia de picadoras de última generación, en manos de contratistas super profesionales, han creado un servicio profesional de dimensión mundial. Uno de ellos, Walter Barneix, quien se inició como maquinista de una empresa del recordado Alberto Hardoy, hace 40 años, ahora fue el que picó el maíz de Mitikile, que sacó el primer premio de calidad de silaje. Hay cosas que se hacen con plata, pero las que perduran se hacen con tiempo.

La integración maíz/ganadería recorre ahora nuevos caminos de integración. En la era de la Vaca Viva, se va cerrando el circuito mágico "del etanol a carne”. En todas las escalas: desde las minidest como las de la familia de Mario Aguilar en el norte de Córdoba, o Víctor Giordana en Santiago del Estero, hasta la integración de Bio4 entre su continua expansión y los corrales de engorde adyacentes.

Es el nuevo mundo del maíz. Como decía el poeta puntano Antonio Estaban Agüero en su Digo la Mazamorra: “Yo le beso las manos al Inca Viracocha, porque inventó el maíz y enseñó su cultivo”.