El mileismo apuntó a dos objetivos fuertes, centrales, desde el mismo momento en que asumió el gobierno e inauguró la era de la llamada Revolución Libertaria, en diciembre de 2023, hace ya dos años. Uno pasa por poner definitivamente en caja a la inflación y el otro, un pariente directo, por evitar presiones sobre el dólar y zafar del sonsonete del retraso cambiario.

En eso anda todavía, con la inflación navegando entre el 2,5% y las cercanías del 3% mensual, aún lejos del 0% o del “cero coma algo” que el Presidente anunció para agosto 2026. Y dado que el tipo de cambio sigue en los alrededores de los $ 1.400, el Gobierno está ante un problema de incertidumbre que intenta aventar con la compra de dólares en cantidades y la consecuente y continua acumulación de reservas. Bien visible: calmar las aguas más pronto que tarde o todavía lejos de los vientos del clima electoral.

El punto es que las economías tienen esa costumbre de ser ciencias complejas, incluida por supuesto la economía argentina. Para el caso, los propios datos oficiales cuentan acá que pese al discurso siempre prometedor las actividades productivas que generan empleo no terminan de salir del estancamiento y menos de remontar una cuesta que viene desde bastante antes.

“Actividad volando. Todo marcha de acuerdo al plan”, celebró Javier Milei no bien el INDEC informó sobre la mejora de marzo respecto de febrero. Ampliado, el panorama revela que el repunte económico del primer trimestre apenas llega al 0,5% contra enero-marzo del año pasado.

Vale insistir, luego, que según las estadísticas oficiales tanto la industria como el comercio (mayorista y minorista) se encuentran al mismo nivel que en marzo del 2023, o sea, al de hace dos años, mientras la construcción busca su lugar. La contracara se llama pérdida de empleo, caída de ingresos, baja del consumo y vuelta a empezar.

Más de este boletín: combinado con salarios rezagados y empleos inestables, el viejo remedio ortodoxo de levantar las tasas de interés a las alturas para enfriar presiones del color que pinte terminó en registros de morosidad e impagos históricos, tanto en empresas como en familias.

La salida de los ortodoxos todoterreno fue poner al Banco Nación a auxiliar a los deudores; claro que será a la maneja del ministro Luis Caputo y Cia.: con tasas de interés que montan al 65% anual y un costo financiero estimado en el 114,21%. Ajuste siempre ajuste, y no precisamente del indoloro.

Finalmente, el caso del BCRA. En plan calmar a las fieras, desde el Ministerio de Economía aseguran que el Gobierno tiene cubierta la deuda en moneda extranjera de los bonos que vencen hasta elecciones presidenciales: los de julio de este año más los de enero y julio del 2027.

Llamativo: casi en simultáneo, el Fondo Monetario aconsejó al Gobierno reconstruir un colchón de reservas antes de las elecciones y en ese tren, salir a tomar deuda al mercado internacional así sea al 10% anual en dólares. Y no tan llamativo, a la vez: parte de los US$ 14.000 millones que vencen en 2026 es deuda de la Argentina con el FMI y también de los US$ 28.000 millones que tocan en 2027.

Conclusión menos dramática de Carlos Pérez, ex gerente general del Central y actual director coordinador de la Fundación Capital que conduce Martin Redrado: “El país ya no está en terapia intensiva como en tiempos del kirchnerismo. Está, digamos, en terapia intermedia. Y como falta para el alta definitiva, mejor no descuidar al paciente”.