Dormir poco suele presentarse como una señal de productividad, de exigencia o incluso de fortaleza. Nuria Roure lo plantea justo al revés. La psicóloga y doctora en medicina del sueño advierte que cuando una persona duerme menos de seis horas de forma crónica no solo acumula fatiga: también deteriora funciones clave del pensamiento.
La frase que resume esa idea es contundente: “Dormir menos de seis horas de forma crónica reduce hasta un 30% tu capacidad cognitiva”.
Roure vincula el sueño crónicamente insuficiente con peor concentración, menor creatividad, más dificultad para tomar decisiones y una tendencia a actuar de manera más impulsiva. Según esa línea, una parte del problema es que quien duerme mal durante mucho tiempo a menudo no percibe con claridad cuánto ha caído su rendimiento y tiende a atribuirlo al estrés, la edad o el ritmo de vida.
La idea general está respaldada por la evidencia científica. La privación de sueño afecta atención, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento y toma de decisiones, según una revisión ampliamente citada sobre sueño y rendimiento cognitivo.
Roure vincula el sueño crónicamente insuficiente con peor concentración, menor creatividad y más dificultad para tomar decisiones. Foto: Youtube.
La Sleep Foundation también resume que la falta de sueño provoca deterioro cognitivo diurno frecuente y que mejorar la calidad del descanso puede traducirse en un pensamiento más nítido y mejor desempeño mental.
En el discurso público de Roure aparece además un punto interesante: dormir mal no solo hace pensar peor en el corto plazo, sino que puede alterar el juicio racional. Además, la falta de sueño compromete especialmente funciones vinculadas con la corteza prefrontal, el área asociada al control ejecutivo, la planificación y la evaluación de riesgos.
En paralelo, aumenta el peso de circuitos ligados a la recompensa inmediata, lo que favorece decisiones más impulsivas y menos reflexivas.
Dormir mal no solo hace pensar peor en el corto plazo, sino que puede alterar el juicio racional.
Roure también suele insistir en que dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica básica. En una entrevista reciente, se presentó como licenciada en psicología, doctorada en medicina del sueño, acreditada como Somnologist por la European Sleep Research Society y profesora universitaria en la Universidad de Lleida.
Desde ese perfil profesional, su mensaje es bastante coherente: el sueño de calidad protege la salud, el envejecimiento y el funcionamiento mental, mientras que el déficit sostenido erosiona esas capacidades aunque la persona intente acostumbrarse.
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