El proceso de desarrollo universitario argentino fue siempre de avanzada. La Reforma Universitaria de 1918 estableció su gobierno autónomo, compartido entre docentes, graduados y estudiantes, bajo los principios de gratuidad y laicidad -fundamentales para consolidar, en esa época , el “melting pot” entre criollos e inmigrantes-. Fue una verdadera revolución, que consolidó las bases de una poderosa clase media y se expandió como vanguardia cultural por toda América Latina.

En 1947, un pujante sector universitario se movilizó contra la ley 13.031, que prohibía la militancia política dentro de los claustros. Después de 1955, dos nuevos debates se sumaron a la vida universitaria: 1) En 1958, el “Laica o Libre”, por el lugar que le correspondía a la educación privada y a la religiosa. Hasta esa fecha, sólo las Universidades públicas podían emitir títulos habilitantes para el ejercicio profesional. 2) La reversión del ciclo “anti-peronista” universitario (que se consolidaría recién en la década de los 70’s).

En 1966 fue el turno de la intervención de la dictadura de Onganía con la salvaje “Noche de los Bastones Largos” que profundizó la emigración de miles de intelectuales y científicos . El golpe de Estado de 1976 aumentaría ese drenaje.

Las reiteradas crisis económicas y políticas fueron debilitando las instituciones de la Educación Pública - no solo la universitaria- y se fue produciendo la decadencia del sistema educativo que fundaron Sarmiento y Roca, con la ley 1420 de 1884 que estableció la educación primaria obligatoria, gratuita y laica para todos los menores de 6 a 14 años.

El impulso civilizador, los ferrocarriles, los frigoríficos, la producción agrícola, una incipiente industria liviana y la llegada de 6 millones de inmigrantes, puso a la Argentina a la cabeza del progreso y el desarrollo en la región y el mundo.Es con ese marco y, pese a las marchas y contramarchas, que Argentina es el único país latinoamericano que detenta 5 Premios Nobel (4 en ciencias médica, física y química).

El mundo siguió avanzando y nosotros fuimos retrocediendo. El número de graduados y la calificación de alumnos y profesores fue decayendo y los debates históricos que supimos protagonizar fueron quedando congelados y/o relegados, mientras que los mejores cerebros siguieron emigrando.

Para hacer esta historia corta, el mundo no discute hoy ni el arancelamiento, ni la calificación y la selección de alumnos y profesores en exámenes, ni la necesidad de becas públicas y privadas para garantizar que los más aptos puedan seguir estudiando, más allá de las condiciones socio-económicas de sus familias de origen. Nadie duda que la educación primaria debe ser gratuita y obligatoria. Después, con diferentes formatos, es siempre onerosa y voluntaria.

El mejor ejemplo es China. Allí, la educación es gratuita y obligatoria entre los 6 y los 15 años. A la 15 años, se produce una primera selección, con exámenes para completar la educación secundaria hasta los 18 años. Luego viene el “Gaokao”, - examen súper exigente para el ingreso a las Universidades- con arancelamientos que van de los u$s1.000 a los u$s 10.000 anuales, conforme a las carreras y a la condición de nacional o extranjero…¡Y estamos hablando de un sistema comunista!

Podemos ir a Francia, donde la Universidad tiene un arancel anual de 178 euros por año, para los nacionales, y llega a 3000 euros para los extranjeros. Las “Grandes Écoles”-los centros de excelencia- tienen matrículas que van de los 15.000 a los 30.000 euros anuales.

En Brasil, la universidad pública es gratuita pero con severos exámenes periódicos, después del de ingreso, para mantener el estatus regular. Por supuesto que la educación privada es paga y cara. Más de 20.000 alumnos brasileros prefieren anualmente venir a estudiar a Argentina (pese a nuestra debacle, la UBA es la universidad mejor ranqueada de América Latina).

Si llegamos a los EE.UU., las universidades publicas tienen una matrícula promedio de u$s 27.000 y u$s 58.000 las privadas. Cuentan con cientos de miles de becas, media-becas y créditos a pagar por los propios estudiantes durante 20 años después de recibidos.

En todos los casos, los que no cumplen con las exigencias académicas anuales, son separados de la carrera. Sintetizando, el mundo más competitivo no duda en jerarquizar la educación como fuente principal del mérito y el ascenso social y laboral.

El ajuste por calificación, tanto de alumnos como profesores, nos permitiría una mucho mejor utilización del presupuesto público y resultados que beneficiarían a la sociedad toda.

Tenemos que romper prejuicios. Y animarnos a profundizar en las definiciones de un tema que marca a fuego nuestro presente y nuestro futuro. De poco nos servirán los sacrificios del ajuste económico sin la modernización de nuestras instituciones educativas.