En vísperas de la visita de León XIV a España, que comienza este sábado, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, se refirió en una entrevista con Clarín al punto en común del pontífice con el jefe de gobierno español que provocó en ambos casos la airada reacción de Donald Trump.
Ante las denuncias de corrupción que aquejan al oficialismo en su país, Cobo señaló "la necesidad de dignificar la política con la ética".
-Como en muchos otros países también en España hay una fuerte polarización. ¿Qué impacto puede tener el paso del Papa con sus palabras y sus gestos? ¿Existe el riesgo de que quede atrapado en la grieta?
-Creo que ayudará a alzar la mirada. Al menos, eso es lo que pretendemos: la coyuntura política siempre es muy frenética y cada día nos hace ver lo pequeño de cada momento. De nuevo, el papa no va a hablar de tal o cual partido, no va a hablar de qué pasó, sino que hablará de la dignidad humana, de la fraternidad, del bien común, de la buena política como decía Francisco que dignifica a las personas. Que en este momento hablemos y nos entendamos en las cuestiones fundamentales ciertamente será una buena siembra.
-¿Qué significación le da al hecho de que León XIV va a ser el primer pontífice que hable en el Congreso de los Diputados, considerando que hay sectores que dicen que su presencia vulnera la laicidad del Estado?
-En primer lugar, España es un Estado no confesional; eso lo dice nuestra Constitución. En segundo lugar, tanto las Mesas (los órganos de dirección) del Congreso de los Diputados como las del Senado, por unanimidad, lo invitaron al Papa. Además, León XIV no va a hablar de la política partidaria, de la política pequeña, sino de la política con mayúscula. De la tradición de la Iglesia, presente capilarmente en la historia y en la vida social del país, que nuestro devenir democrático reconoce. Considero que la escucha de de las tradiciones dignifica la política, más allá de que luego sus miembros legislen como mejor les parezca.
-El viaje se produce en medio de una coincidencia entre León XIV y el jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, en la oposición a la ofensiva bélica de los Estados Unidos en Medio Oriente para disgusto de Donald Trump…
-Cada uno en su lugar. El Papa tiene una voz en contra de la guerra que es tradicional en la Iglesia. Luego están los políticos que son los que deben trabajar en las contingencias en aras de la paz. Tienen que decir cómo hacerlo, qué negociaciones y pactos hay que anudar. El Papa puede coincidir con un partido en algunas cosas y estar en desacuerdo en otras. Pero, ciertamente, son niveles distintos. Una cosa es el iluminar hacia dónde vamos y otra es la contingencia continua.
-Como contrapartida, el oficialismo esta siendo aquejado por denuncias de corrupción…
-Más que de la corrupción quisiera hablar de lo que el papa Francisco decía: de la necesidad de la ética como dignificación de la política y de los políticos. Es un reto que tenemos por delante. No hacerlo es un problema muy serio que podemos tener en una sociedad. Debemos dejar de decir que todos los políticos son malos y ayudar también desde la Iglesia a dignificar la política y poner la ética en la vida política como un elemento fundamental.
-El Papa hará una escala en Canarias donde llegan muchos inmigrantes para hablar de esta problemática tan candente en Europa. ¿Qué se puede esperar de su paso?
-Considero que va a afrontar la cuestión desde muchos aspectos porque constituye un reto, no un problema. En Madrid verá la migración que está con el aeropuerto, mayoritariamente hispanoamericana, que fue haciendo a la configuración la vida de la ciudad. En Canarias verá la migración que viene huyendo de realidades cruentas, atravesando un mar que está matando a muchos de ellos. Seguramente hablará, por un lado, de la realidad de los migrantes en las grandes ciudades y, por el otro, de una Europa que necesita un pacto global de migración que implica atender a los que se están quedando en las fronteras.
-En España, donde la Iglesia católica tuvo históricamente mucho peso, su situación se caracterizaba por un fuerte contraste: o se era un miembro muy entusiasta de ella o muy crítico. ¿Sigue siendo así?
-Desde antes de la Guerra Civil la Iglesia estuvo siempre en el foco de la controversia política como si fuera una pelota de ping-pong que era lanzada de un lado y del otro. Pero me pregunto si no estamos en un nuevo tiempo dónde ya no está en el foco de la confrontación política y, en cambio, ocupa un lugar donde hay más encuentro y desde el que podemos alzar un poquito la mirada como dice el lema del viaje del Papa: “Alzad la mirada”. Creo que eso lo vamos a ver durante la visita de León XIV.
-¿La influencia que tuvo la Iglesia durante los 40 años de la dictadura de Franco acaso no la terminó perjudicando, generando un rechazo en una cantidad importante de españoles?
-No, considero que la iglesia es hija de su tiempo. No es un marciano que viene y se integra en la sociedad. Responde con la gente que tiene en cada momento porque quién toma las decisiones no es un libro, sino que son personas. Es muy interesante ver los documentos de la Conferencia Episcopal de aquellos años, cómo eran los debates y se fue abriendo, entrando en la senda que desembocó en la democracia. Creo que son procesos que responden a la realidad de cada momento y a la buena fe que siempre tuvo la Iglesia de querer situarse dentro de la pluralidad. En la transición española la Iglesia estaba en casi todos los sectores tendiendo puentes.
-A raíz de una popular cantante juvenil y una película laureada que apelan a lo religioso últimamente se suscitó en España un debate acerca de si hay o no un resurgimiento religioso. ¿Cuál es su opinión?
-Diría que hay un resurgimiento a partir de una sed de trascendencia y una búsqueda de respuestas ante una desconexión con las propias raíces y la necesidad de anclas. Hay, además, mucho desánimo. En España tenemos el índice de suicidios juvenil más alto de Europa. Esto habla de desesperanza y de desorientación. Por otra parte, antes era insignificante la gente adulta que se bautizaba y ahora tenemos un crecimiento bastante grande. Incluso vemos, aunque no masivamente, un crecimiento de la práctica religiosa en las parroquias de Madrid. Pero también una demanda de autenticidad en la vida cristiana que desafía a la Iglesia.
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