Aunque muchas veces pasa desapercibida, la varilla del termotanque cumple una función esencial en la protección y conservación del equipo. Ubicada en el interior del tanque y generalmente hecha de magnesio, funciona como un ánodo de sacrificio que atrae los minerales y agentes corrosivos presentes en el agua para evitar que dañen las paredes internas del tanque.

Cuando la varilla está demasiado deteriorada, deja de funcionar correctamente y el tanque queda más expuesto a oxidación, corrosión e incrustaciones.

Cómo limpiar la varilla del termotanque

Si la varilla todavía se encuentra en buen estado, se puede limpiar con vinagre para eliminar el sarro acumulado. El procedimiento consiste en dejarla en remojo durante algunas horas y luego retirar los restos con un cepillo o un paño suave.

Realizar esta limpieza de forma periódica ayuda a prolongar la vida útil de la pieza y a mantener el buen funcionamiento del termotanque. Sin embargo, si el desgaste es avanzado o la acumulación de sarro es excesiva, lo más recomendable es reemplazarla. También conviene prestar atención a señales de alerta como agua turbia, olores extraños o ruidos provenientes del interior del equipo.

La limpieza ayuda a eliminar el sarro acumulado en el equipo. Foto: IStock

Como la varilla está diseñada para desgastarse con el tiempo, reemplazarla es parte del mantenimiento habitual del termotanque. Revisarla de manera periódica permite detectar signos de corrosión o acumulación de sarro antes de que afecten el funcionamiento del artefacto.

Cada cuanto hay que reemplazar la varilla del termotanque

La revisión periódica ayuda a prevenir daños en el termotanque. Foto: Shutterstock

La duración de la varilla depende de las características del agua de cada zona. Si el agua tiene pocos minerales y genera poco sarro, puede durar hasta dos años antes de necesitar un reemplazo.

En condiciones normales, lo recomendable es cambiarla una vez por año. En cambio, cuando el agua tiene una mayor cantidad de minerales y produce más sarro, puede desgastarse más rápido y requerir un recambio cada seis meses.

Revisar su estado de forma periódica ayuda a mantener el buen funcionamiento del termotanque, prolongar su vida útil y evitar gastos innecesarios en reparaciones.