Las creencias populares permanecen en una sociedad dominada por la tecnología. La mayoría de las veces sin evidencia científica sobre sus efectos, los rituales siguen funcionando como método para superar o potenciar diferentes estados emocionales.
La práctica de congelar un limón tiene propósitos muy claros en cuanto a la alimentación. Los expertos aseguran que extiende la vida útil de la fruta y la hace más eficaz a la hora de aportar acidez, aroma y frescura a postres, bebidas, pescados y ensaladas.
Al estar congelada, la cáscara gana en firmeza y resulta más fácil rallarla. También es una manera de conservar los aromas y favorecer la extracción del jugo. El método es muy simple: colocar los limones enteros dentro del congelador y listo.
Pero, en el mundo de los rituales, si bien el procedimiento puede ser similar, los propósitos son muy diferentes. Veamos.
Cómo hacer el ritual de congelar limón para que dé resultado
Algunos frescos conservados en Pompeya (Italia) demuestran que los romanos ya conocían esta fruta, siempre asociada con la limpieza y la purificación. En este caso, el congelador tendría el poder de “detener” aquello que la persona quiere alejar de su vida.
El limón funcionaría como un absorbente simbólico de todo lo malo. Foto: Archivo.
Por eso, muchos recurren al ritual cuando sienten que atraviesan etapas pesadas, discusiones constantes, cansancio mental o situaciones que no logran resolver. La idea es que el limón actúe como una especie de “absorbente simbólico” de todo lo malo.
Una vez congelado, el limón tendría la capacidad de absorber:
- Malas energías acumuladas.
- Tensiones y discusiones hogareñas.
- Preocupaciones o angustias.
- Envidia o malas intenciones.
- Bloqueo emocional.
Como adelantamos, el ritual es muy sencillo. Aquí, el paso a paso:
- Lavar bien un limón entero, sin realizarle cortes.
- Sostenerlo unos segundos mientras se reflexiona sobre aquello que debe alejarse de la vida (también puede escribirse una intención antes de guardarlo).
- Colocar el limón dentro del congelador.
- Dejarlo congelado durante siete días.
- Desecharlo luego lejos de la casa.
Los creyentes en el ritual aseguran que luego de una semana, tras desechar la fruta congelada, sienten una sensación de alivio y renovación personal. Algunos dicen que notan mayor sensación de calma, menos carga negativa, alejamiento de vínculos conflictivos y mayor claridad mental, sobre todo, para tomar decisiones.
También existen otros rituales que tienen al limón como protagonista. De acuerdo a los principios del Feng Shui, la fruta representa la abundancia y tiene poder para cambiar la energía con el solo hecho de colocarla en un rincón del escritorio.
Los creyentes en el ritual aseguran que luego de una semana, tras desechar la fruta congelada, sienten una sensación de alivio y renovación. Foto: Archivo.
Entonces, para que absorba la negatividad de un espacio determinado, hay que llenar un vaso de vidrio transparente con agua y colocar adentro un limón entero. Llevar el vaso al lugar de las “malas vibraciones”. Si a los cuatro o cinco días, el limón comienza a pudrirse, es que habrá absorbido las malas energías del ambiente.
Otro ritual incluye a la sal. Cortar tres limones en forma de cruz, sin llegar a abrirlos del todo. Colocar sal marina dentro. Elegir el sector donde se perciben malas energías y ubicar ahí los limones. A los nueve días, desechar los limones (importante: descartarlos con un guante o una bolsa para evitar tocarlos).
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