En la mayoría de las cocinas, apilar ollas, sartenes y tapas es casi inevitable. El espacio nunca alcanza y los cajones y alacenas terminan organizados en altura, con un utensilio encima del otro.
El problema es que ese hábito, repetido día a día, puede desgastar los utensilios más rápido de lo esperado. Los rayones, los golpes en los bordes y el deterioro del antiadherente aparecen de a poco, sin que uno lo note hasta que ya está hecho el daño.
Por eso los especialistas recomiendan un recurso simple y sin costo: colocar una hoja de papel entre las ollas o las tapas antes de guardarlas. Funciona como una barrera que evita el contacto directo entre las superficies y, con eso, previene buena parte del desgaste.
Por qué funcionan las hojas entre las ollas
Cookut, la marca francesa de utensilios de cocina, explica en su sitio oficial que apilar sartenes sin protección deteriora el revestimiento antes de tiempo. Cada vez que se saca una olla o se mueve una tapa se producen pequeñas fricciones que con el tiempo marcan el material. Y advierte que en los antiadherentes esto es especialmente crítico: cualquier rayón puede hacer que los alimentos empiecen a pegarse.
Papel manteca, ideal porque no deja residuos. Foto: Shutterstock
El papel también ayuda a absorber parte de la humedad que puede quedar después del lavado, algo que contribuye a prevenir manchas y marcas prematuras.
Qué tipo de papel usar
No hace falta comprar nada especial. Sirven materiales que suele haber en casa:
- Hojas A4. La opción más accesible y fácil de conseguir.
- Papel de cocina o servilletas. Absorben mejor la humedad residual.
- Papel manteca. Cubre bien las superficies y no deja residuos.
- Cartón fino. Más resistente para utensilios pesados.
- Separadores de tela. Una alternativa reutilizable y lavable.
Lo importante es que el material cubra la zona de contacto entre una pieza y otra para evitar el roce directo.
Ollas térmicas.
El caso especial de las tapas
Las tapas suelen ser una de las partes más delicadas de cualquier batería de cocina. Sus bordes metálicos y agarraderas pueden generar golpes o marcas cuando quedan encimadas sin protección.
Con las tapas de vidrio el cuidado es todavía más necesario. Aunque parezcan resistentes, los pequeños impactos repetidos pueden aumentar el riesgo de roturas.
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