Javier Milei se contuvo. Pudo pasar de la calma a la ira en un instante, como ha hecho decenas de veces frente a funcionarios, empresarios o tuiteros que sintió que desafiaban su autoridad. No hace tanto, por ejemplo, echó a los gritos de la Residencia de Olivos a un editor periodístico y juró ante sus custodios que nunca más volvería a recibirlo. Pero, esta vez, reprimió la furia y permitió que Patricia Bullrich le dijera que no estaba dispuesta a acompañar el plan de voltear el pliego de María Verónica Michelli como jueza del Tribunal Oral Federal N.º 3 de La Plata. La senadora le ofreció la renuncia a la conducción del bloque de Senadores y el Presidente se la rechazó. Fue un hecho trascendente para quienes analizan y le temen al temperamento de Milei: el león libertario aceptaba que Bullrich hiciera exactamente lo contrario a lo que quería su administración y en un tema demasiado sensible para él.

La Jueza María Verónica Michelli y Patricia Bullrich.

Milei estaba o simulaba estar tranquilo frente a Bullrich, con quien, ciertamente, ha tenido conversaciones mucho más tensas que ambos se ocuparon de que no trascendieran. Ella le había escrito el domingo para anticipar su posición. Milei la citó al otro día para charlar cara a cara y, aunque le respetó los argumentos, no se privó de decirle que estaba equivocada, que no comprendía lo que estaba en juego. El primer mandatario sostiene que la actual secretaria de Cámara del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata -a la que no conocía hasta que alguien le avisó de sus vínculos familiares- podría pasar a formar parte del círculo que fomenta movimientos destituyentes contra la Casa Rosada. Así como se lee.

En el tablero mental de Milei, la carambola comprendería a un periodista que recibe órdenes para investigar casos que afectan al Gobierno, una cuñada que asciende en la Justicia y que, eventualmente, puede ayudar en la causa y, detrás, un poderoso grupo económico -en este caso La Nación, pero podría ser cualquier otro- que empuja las denuncias. “La mafia confabulada contra nuestro Gobierno”, dice Milei.

Nunca oculta este tipo de pensamientos. Al contrario. Lo convierte en una declaración de principios y lo potencia entre sus socios. Cuenta con el apoyo incondicional de su hermana, Karina -que se terminó de convencer de la estrategia cuando ella quedó salpicada por los audios del caso Andis-, de los fanáticos que operan en las redes sociales y de muchos de los funcionarios que lo acompañan en el Gabinete. Pero muchos no quiere decir todos. Hay varios ministros, diputados y secretarios de Estado incómodos con el accionar de su jefe. Se podría aseverar que Bullrich, queriendo o sin querer, desató una rebelión silenciosa en un sector del Gobierno.

Javier Milei con parte de su Gabinete.

Esos pasos subterráneos tuvieron sus primeros capítulos en la pelea con el periodismo. Crecieron con los insultos a Paolo Rocca -al que Bullrich y otros miembros del poder tratan desde hace años- y se consolidaron con las sospechas de enriquecimiento ilícito que involucran a Manuel Adorni. Sapos enormes, difíciles de tragar incluso para estómagos acostumbrados a ese ejercicio.

“Tengo quilombo adentro del bloque y ni hablar con los aliados”, había comentado Bullrich cuando se enteró de que el oficialismo elucubraba una maniobra para impedir que los pliegos de los 74 jueces y fiscales incluyeran a Michelli. La aprobación inesperada del jueves por parte del Senado, gracias a un movimiento de pinzas de la oposición, pretendió ser presentada por el Gobierno como un hecho histórico que, al mismo tiempo, pasaba por alto la designación de Michelli.

“Estamos frente a la reconstrucción de la Justicia” dijeron sus voceros. Quiere decir que esa reconstrucción comprende, entre otros matices, impedir el ascenso de familiares de periodistas. A la Casa Rosada solo le faltó retocar uno de sus eslóganes: No odiamos lo suficiente a los familiares de los periodistas. Milei se reserva el derecho de no firmar el decreto de aceptación de Michelli. Lo dejará demorado un largo tiempo. Quizá no lo firme nunca.

Un día antes de la votación, Karina Milei, molesta desde hace tiempo con Bullrich, convocó a la ex ministra a una reunión y después publicaron una foto juntas, un recurso ya tan gastado que no hizo más que despertar comentarios dentro y fuera de La Libertad Avanza sobre el futuro de la senadora. En la Rosada siguen de cerca un dato clave: Bullrich conserva altos niveles de popularidad, por encima de los de Milei, aunque los más mileístas recuerdan que lo mismo ocurría, en el comienzo de la gestión, con Victoria Villarruel y hoy la vicepresidenta se encuentra muy por debajo.

La foto de Patricia Bullrich con Karina Milei para despejar rumores sobre la interna en el Gobierno.

Al ver la polémica de esta semana, en el PRO muchos gozaron con la situación. Son los que no le perdonan a Bullrich la conversión al partido libertario. Otros, en cambio, se animan a ir más allá y se preguntan: ¿qué pasaría si en algún momento la relación de la senadora con los Milei se termina de deteriorar y llega el momento del quiebre?

Para 2027 falta muchísimo. Entre algunos miembros históricos del macrismo se expande una fantasía: ¿y si Mauricio Macri se reconcilia con Bullrich y traman un futuro juntos? El fundador del PRO tendrá un rol activo en las próximas campañas por la presidencia y por la jefatura porteña. Si fuera obligado a elegir, el ex presidente podría resignar la pelea mayor, pero nunca la Ciudad. Es su bastión. Sobre esa estructura están atados infinidad de intereses desde 2007.

Macri procura la reelección de Jorge Macri, aunque nunca estuvo del todo de acuerdo con su salto del Conurbano y está lejos de sentirse fascinado por la actual gestión. Esos sentimientos ambivalentes se agudizaron el año pasado, cuando el alcalde decidió desdoblar las elecciones y sometió al PRO a la derrota más dura de su historia en territorio porteño. El alto perfil de Bullrich suma tensiones. ¿Qué pasaría si decidiera competir aquí en 2027? Ella, por ahora, dice que no está en sus planes. Pero en el macrismo temen que Milei se lo pida para herir al PRO y, de paso, para apartarla de la pelea nacional.

La candidatura porteña de los libertarios estaba pensada, originalmente, para Adorni. Pero la suerte del jefe de Gabinete parece echada. No puede ni ir a jugar al pádel al country Indio Cua por miedo a que algún vecino le haga pasar un mal momento. Las pocas veces que sale a la calle, tiene que tomar recaudos, andar con gorrita y evitar los restaurantes. Ni hablar de viajar al exterior: los aeropuertos, que fueron su remanso, ahora son su condena. Ninguno de sus colaboradores que podrían quedar salpicados por los escándalos (sobre todo una de sus secretarias, que quiere renunciar por lo que ya se sabe pero, sobre todo, por lo que podría venir) está dispuesto a ocultar, como ya han hecho, una escapada.

Manuel Adorni y Pablo Quirno el último 25 de mayo.

Treinta y dos días pasaron desde que Milei anunció que Adorni tenía todo listo para presentar su declaración jurada. Ahora dicen que la presentaría en los próximos días. A propósito: ¿Será cierto que Adorni ya vendió uno de los departamentos?

El coordinador del Gabinete tiene un equipo amplio de asesores y también ha hablado de sus problemas con el ministro Juan Bautista Mahiques. El domingo pasado, Clarín contó que hubo intentos de fomentar un diálogo informal entre Adorni y sus investigadores judiciales, cosa que -hasta el momento- no ocurrió.

Entre el 15 y el 19 de este mes, Mahiques estará en Francia para participar del plenario del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), el organismo global antilavado del que Argentina es miembro y al que el Gobierno envía representantes junto una comitiva de unas quince personas, la mayoría técnicos.

El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, durante un encuentro sobre terrorismo en París.

En la Casa Rosada se les ocurrió la sugestiva idea de invitar a Ariel Lijo, quien tiene a su cargo las investigaciones contra Adorni por enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad y negociaciones incompatibles con la función pública. Lijo, dicen, aceptó el viaje. También asistirá el titular de la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado de la Corte Suprema, Juan Tomás Rodríguez Ponte. Es el hombre que tiene a su cargo la oficina de intervenciones telefónicas legales. Hace muchos años que espera que se vote su pliego para ocupar un juzgado federal clave de Lomas de Zamora.

Toda la comitiva viajará en el mismo vuelo. Los espera París. Adorni se ilusiona. Aunque los expedientes acumulan demasiadas pruebas como para que pueda existir un poco de amor francés.