El mandato de Rafael Sánchez-Guerra terminó en 1936. El de Adolfo Menéndez arrancó en el ‘39. En la página web del Real Madrid, las fotos de estos dos presidentes están juntas. Entre el dato de la Copa que la Casa Blanca le ganó al Barcelona en el ‘36 y la Asamblea para la reconstrucción del ‘39 no hay nada. Como si esos dos años, el ‘37 y el ‘38, no existieran. ¿Por qué el Real Madrid esconde parte de su historia?
La pompa de las elecciones presidenciales entre el joven retador Enrique Riquelme y el todopoderoso Florentino Pérez no es la misma que la de aquellos años, cuando la comunicación era escasa y las preocupaciones del país eran definitivamente otras.
El 30 de marzo pasado, un Boletín Oficial de las Cortes Generales del Congreso de los Diputados español emitió una proposición no de ley para que el Parlamento y el Real Madrid reconozcan a Antonio Ortega Gutiérrez como presidente del Madrid Football Club entre 1937 y 1938.
El documento, disponible para todos en PDF, sostiene que la figura de este político “constituye un ejemplo particularmente elocuente de una doble desmemoria (...) La recuperación de la memoria de Ortega no responde únicamente a una exigencia historiográfica, sino también a un deber democrático elemental: reconocer a quienes fueron represaliados por el franquismo y poner fin al silencio que todavía pesa sobre tantas trayectorias truncadas”.
Ahora bien, volvamos a la pregunta del principio: ¿Por qué el Real Madrid, el club de fútbol más importante del mundo, nunca reconoció a Ortega Gutiérrez como presidente?
Tiempos de guerra
Antonio Ortega Gutiérrez nació en Rabé de las Calzadas el 17 de enero de 1888. El golpe militar del ‘36 que dio inicio a la Guerra Civil española lo encontró en Irún ya con años de experiencia en el cuerpo de Carabineros.
En el medio falta alguien: Antonio Ortega. Foto: captura sitio web oficial del Real Madrid
Militante del Partido Comunista de España (PCE), fue nombrado en agosto de ese año Gobernador civil de Guipúzcoa, donde tomó el mando de las fuerzas republicanas. Combatió en Irún, en San Sebastián y respondió con fiereza a los ataques fascistas: prometió fusilar a cinco prisioneros por cada víctima republicana, amenaza que concluyó con la ejecución de ocho civiles y cinco oficiales militares de ese bando.
El 28 de octubre, cuando Guipúzcoa fue tomada por los fascistas, Ortega pasó a formar parte de la defensa de Madrid como Capitán, tarea que ejecutó con éxito en el frente de Ciudad Universitaria.
Por su buena labor, en abril del ‘37 lo promovieron a Teniente Coronel en Jefe de la 40 Brigada Mixta y, en junio, al de Director General de Seguridad de las fuerzas republicanas. Su ascenso, además, le conllevó hacerse cargo de la Presidencia del entonces llamado Madrid Football Club, la institución deportiva más grande de la capital que hoy el mundo conoce simplemente como Real Madrid.
El presidente comunista
Desde la proclamación de la Segunda República, en 1931, los republicanos despojaron al Real Madrid de todo símbolo vinculado con la realeza. Desde el nombre hasta el escudo. Históricamente, desde su fundación en 1902, el club tuvo fuertes vínculos con la realeza y con la aristocracia españolas, representación que recuperaría rápidamente después de la guerra y que mantendría hasta el día de hoy.
Antonio Ortega Gutiérrez fue presidente del Madrid Football Club durante dos años.
Con el estallido de la Guerra Civil, el Madrid Football Club, que desde el ‘36 estaba en manos de la Federación Cultural y Deportiva Obrera, cambió de líder. El republicano Juan José Vallejo sucedió a Sánchez-Guerra, quien, aunque era hijo de monárquicos, tenía fuertes convicciones republicanas.
En 1937, en una feroz elección contra el conservador Santiago Bernabéu -quien hoy le da nombre al estadio madridista- Ortega se impuso como nuevo presidente. La incorporación de varios socios provenientes del partido antifascista fue fundamental para su victoria.
El club tenía casi seis mil socios, un estadio para veintidós mil espectadores, una piscina, gimnasio y varias canchas de tenis. Un lugar popular, ideal para que Ortega empezara imponer una filosofía deportiva completamente opuesta a la anterior.
El período presidencial
Durante la guerra prácticamente no hubo fútbol en España.
Antonio Ortega Gutiérrez (D) en tiempos de Guerra Civil. Foto: EFE
Como presidente del Madrid, Ortega sólo organizó algunas demostraciones militares-deportivas en la cancha, en un contexto en el que la zona de Chamartín era la sede del Batallón Deportivo Republicano, que impulsaba a atletas a pasar a la acción militar.
Ortega abogaba por la no competitividad, por la liberación del mundo del fútbol de la mercantilización, y combatía las apuestas y corridas. Lucha que queda ejemplificada con la celebración del Torneo Ejército del Centro, en donde futbolistas profesionales y militares jugaban, básicamente, por nada.
Una entrevista de 1938 de la revista Blanco y Negro, recuperada en el ensayo de Ramón Usall “Futbolítica”, describe a un político que se oponía a la comercialización de las “estrellas”, que sostenía que existía una “nueva práctica del deporte aplicada a la guerra” que evitaba el “preciosismo y la exhibición”, consiguiendo que los soldados [...] fortalezcan sus músculos, alimenten sus pulmones y tengan una resistencia hoy en día esencial en cualquier tipo de combate”.
La ejecución
La detención del político y sindicalista Andreu Nin, líder del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), tras una serie de sucesos propios de una serie de espionaje, responsabilizaron a Ortega por su papel como jefe de Seguridad.
La autoría intelectual y material del asesinato de Nin se atribuye principalmente al la policía secreta soviética, al espía ruso Alexander Orlov y al entorno estalinista, pero Ortega estaba al frente del organismo que intervino en las detenciones.
De esta manera, el presidente del Madrid fue destituido de su cargo militar y destinado al frente, al mando del tercer Cuerpo del Ejército.
Con el triunfo franquista, Ortega fue detenido y juzgado en tiempo récord por un consejo de Guerra, que lo encontró responsable de los fusilamientos de San Sebastián y hechos similares.
Ortega fue ejecutado a garrote vil el 15 de julio de 1939, en el castillo de Santa Bárbara, que antes funcionaba como cárcel. Se cree que sus restos yacen en la fosa número 9 del cementerio de Alicante, junto a otras víctimas del franquismo.
El garrote vil era un método legal de ejecución que consistía en una silla con un poste vertical y un collar metálico que rodeaba el cuello del condenado. Este moría cuando el verdugo giraba un mecanismo para apretar su cuello y romper la columna cervical. El objetivo era provocar una muerte rápida, aunque a veces este método terminaba causando estrangulamiento y agonía prolongada. Las últimas ejecuciones con garrote vil en España fueron en 1974.
Florentino Pérez, actual presidente del Madrid que va por la reelección. Foto: EFE
Ese fue el final de Antonio Ortega, el presidente fantasma del Madrid. Adolfo Menéndez lo sucedió tras su muerte, y a él le sucedieron ocho más. Teniendo en cuenta el registro oficial, hoy el club elige a su presidente número dieciocho. O diecinueve, según quien lleve la cuenta…
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