La popularización del término “Smart cities/ Ciudades inteligentes” ayuda con su elocuencia a poner de manifiesto la enorme transformación que el uso de tecnologías emergentes genera, pero al mismo tiempo una lectura más amplia de las dinámicas socio-demográficas deja al desnudo (al menos en el caso argentino), la ausencia de políticas claras que contribuyan no solo a la calidad de vida en las ciudades, sino a un adecuado aprovechamiento del potencial territorial del país.

Recientemente se publicó el “índice de Ciudades Argentinas”, un instrumento que mide a través de 26 ítems la calidad de vida de 43 ciudades del país (que explican más del 60 % de la población); y más allá del ránking en sí mismo se evidencian 4 rasgos que ponen de manifiesto una marcada insuficiencia institucional a la hora de pensar en clave territorial.

1/ El hecho que las primeras diez ciudades en el ránking sean del corredor central del país (que une la Provincia de Buenos Aires y la región centro con la Provincia de Mendoza al oeste), no es una casualidad y es demostrativo de dos quiebres (al norte y al sur) de distinta naturaleza. En un caso, bajo dinamismo productivo; en el otro el costo de las distancias y de la logística. Lo cierto es que el país no ha resuelto adecuadamente su integración territorial. No es inteligente naturalizar un modelo que es resultado de decisiones políticas concretas.

2/ Si bien la ciudad que lidera los indicadores económicos es Neuquen, lo cierto es que en la “tabla general” no ingresa a los primeros 10 puestos. Es claro que los déficits de hábitat y prestaciones sociales la relegan. Ahora bien, ¿tienen las gestiones subnacionales los instrumentos adecuados para atender el proceso de aumento exponencial de las demandas sociales que las migraciones le están generando?. ¿No puede atentar contra el desarrollo a largo plazo una inadecuada priorización de las necesidades cotidianas de migrantes y sectores vulnerables, en un área geográfica insuficientemente dotada de infraestructuras?. ¿Es inteligente creer que siempre “los melones se acomodan en la carreta”, desconociendo que los melones de abajo suelen terminar machucados?

3/ El indicador muestra que solo una ciudad del país tiene el puntaje óptimo en materia logística (CABA). ¿Es razonable que Argentina no multiplique sus posibilidades logísticas mirando al norte y al oeste?

4/ La ciudad que obtuvo peores resultados de la muestra, es Lomas de Zamora. A pesar de contar con bolsones de alta calidad de vida (Adrogué) y de beneficiarse de la cercanía a CABA; la inseguridad y los déficits sociales la condenan a ese puesto. Es claro que Argentina necesita darse un modelo de gestión metropolitana, no para sacralizar las metrópolis sino para atender de modo realista agendas que deben sortear la fragmentación y la descoordinación.

La tecnología puede ser solución o fetiche. La inteligencia de los estados no se mide por la cantidad de gadgets que se incluyen en los procesos administrativos, sino por asumir la agenda que corresponde.

Es poco inteligente creer que las dinámicas territoriales argentinas se resolverán con golpes de efecto. El “Indice de Ciudades Argentinas”, al mismo tiempo que nos exhibe la calidad enorme de nuestras ciudades, nos muestra la profundidad y complejidad de una agenda que solemos confundir con planteos reivindicativos o ecos de la historia. Nuestro territorio es un desafío actual, concreto e ineludible; o se transforma en agenda o nos vendrá a la agenda como crisis.