Los estudios de opinión pública dan cuenta de un clima imperante de desazón y enorme inquietud en buena parte de la población. Las dificultades de la economía asociadas a la erosión del poder adquisitivo que afectan a un amplio sector de la ciudadanía, sumado a la preocupación por el desempleo o la falta de estabilidad y proyección entre quienes están insertos en el mercado laboral, constituyen el núcleo central de las preocupaciones registradas, tal como se refleja en las distintas encuestas.

Merece subrayarse el hecho de que, tanto o más que las dificultades del presente, se verifica un estado de zozobra cuando se indaga en el plano de las expectativas. Así, la percepción de ausencia de un horizonte despejado dificulta en buena medida un cambio en el ánimo de quienes atraviesan más dificultades.

Frente a este panorama, y apelando al ejercicio de buscar una salida al laberinto que con frecuencia se asume inexistente, nos propusimos interpelar a la opinión pública a través de una indagación cualitativa. El objetivo se centró en identificar sugerencias de resolución a la crisis descripta, procurando identificar denominadores comunes entre segmentos contrapuestos en términos de su posicionamiento político.

Sin pretender simplificar el carácter multidimensional del estado de situación que atraviesa el país, el análisis se planteó atendiendo a dos de las principales problemáticas que surgen de los relevamientos cuantitativos, a saber: economía y corrupción.

Desde esta perspectiva, se han realizado cuatro grupos focales con población residente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (Capital Federal y GBA), durante la segunda semana del mes de mayo: dos de ellos con población que manifiesta una valoración positiva de la gestión del gobierno nacional y otros dos con personas que se pronuncian en sentido contrario. Asimismo, se contemplaron dos grupos etarios para la segmentación: 18 a 40 años y mayores de 40.

Al momento de indagar en las demandas y expectativas en el plano de las políticas públicas, se registran importantes consensos entre los distintos participantes de los grupos focales en cuanto a la hoja de ruta esperada, con independencia de su posicionamiento político.

El llamado a redistribuir la carga del ajuste, otorgando una mayor atención hacia sectores vulnerables y brindando una cierta protección a la industria nacional, surge como algunos de los denominadores comunes entre los distintos segmentos relevados. A modo de fundamentación al respecto se argumenta incluso entre quienes se asumen oficialistas acerca de la importancia asociada a "subsidiar la producción porque al fin y al cabo es lo que hace China".

Se promueve la generación de incentivos en el pago de impuestos y a través de subsidios y créditos con facilidades para el sector productivo. Emerge así un reclamo por procurar atender a las posibilidades y recursos del empresariado local. Se busca en ese contexto dotar de mayor progresividad al sistema de recaudación.

Lo anterior se presenta como prerrequisito de cara a la posibilidad de incrementar la productividad y poder generar un mayor valor agregado en los procesos de industrialización: “hay que dejar de vender el brote de soja y empezar a vender milanesas de soja”.

Es para destacar la demanda en favor de reimpulsar la obra pública como motor para la generación de empleo y la protección de ciertos sectores identificados por su importancia para la incorporación de mano de obra (Ej. textil).

Se reconoce una visión común en los distintos segmentos relevados en cuanto al contraste registrado entre la experiencia personal con la suba de precios en los distintos rubros y el índice de inflación oficial.

Cuando se analizan las alternativas sugeridas para el combate a la corrupción, se registra un amplio consenso en cuanto a la importancia asignada al fortalecimiento de los mecanismos de sanción de las prácticas corruptas. El foco se deposita fuertemente en los incentivos que alimentan y contribuyen a la profundización de este flagelo.

El acceso a un salario digno opera así como una salvaguarda desde la perspectiva del target. De otra parte, la ejemplaridad entre quienes tienen responsabilidades de conducción se presenta a su vez como un imperativo categórico: "si el de arriba no quiere pagar algo y puede, ¿por qué el de abajo que le cuesta un poco más no lo va a hacer?"

Con independencia de los ejes abordados, se enfatiza de manera transversal en todos los grupos realizados la importancia de avanzar hacia un modelo de consensos que puedan garantizar la continuidad de las políticas planteadas. La idea de que “si seguimos con la lógica de que el que viene borra de un plumazo lo que hizo el anterior, no hay nada que hacer” se plantea como una alerta que surge de modo recurrente a lo largo de la indagación.

Sin pretender esbozar una hoja de ruta definida, tal vez convenga reparar en que, pese a las diferencias entre una y otra visión, existen no obstante vasos comunicantes cuando se trata de proyectar un modelo de país. No parece poca cosa.

Sebastián Halperín es Sociólogo (UBA), Master en Ciencia Política (Universidad de Barcelona). Analista de opinión pública.