La neurocientífica Laura López-Mascaraque explicó que perder el olfato poco a poco puede ser una señal temprana de enfermedad neurodegenerativa, una relación que distintos estudios empezaron a detectar años antes de que aparezcan síntomas clásicos de Alzheimer o Parkinson.
Las investigaciones sobre olfato y cerebro crecieron fuerte después de la pandemia y hoy el sistema olfativo aparece cada vez más vinculado con memoria, envejecimiento y deterioro neurológico.
Durante mucho tiempo, el olfato quedó bastante relegado dentro de la neurología. Sin embargo, distintos equipos científicos empezaron a observar que algunos pacientes con enfermedades neurodegenerativas habían desarrollado alteraciones olfativas mucho antes del diagnóstico clínico.
Laura López-Mascaraque, neurocientífica: "Perder el olfato poco a poco puede ser una señal temprana de enfermedad neurodegenerativa"
López-Mascaraque explicó que existe una diferencia importante entre perder el olfato de forma brusca y hacerlo progresivamente. Durante la pandemia, por ejemplo, muchas personas desarrollaron anosmia repentina. En enfermedades neurodegenerativas, el deterioro suele avanzar lentamente durante años.
Ese fenómeno se conoce como hiposmia. Algunas personas empiezan a notar que ciertos aromas pierden intensidad o dejan de reconocerse con claridad. El problema es que muchas veces el cambio ocurre de forma tan gradual que pasa desapercibido.
Según la especialista, el interés de la neurociencia sobre este tema tiene una explicación concreta: el sistema olfativo mantiene conexiones directas con regiones cerebrales vinculadas con memoria y emociones, como el hipocampo y la amígdala.
Laura López-Mascaraque, neurocientífica: "Perder el olfato poco a poco puede ser una señal temprana de enfermedad neurodegenerativa.
Organismos médicos como Mayo Clinic y MedlinePlus también mencionan la pérdida de olfato entre los síntomas que pueden aparecer asociados a Parkinson, Alzheimer y otros trastornos neurológicos.
Qué descubrieron los estudios sobre olfato y enfermedades neurodegenerativas
En Parkinson, varios trabajos científicos detectaron alteraciones olfativas incluso antes de los primeros síntomas motores. Algunos pacientes empezaban a perder sensibilidad para reconocer olores años antes de desarrollar temblores o rigidez muscular.
En Alzheimer ocurre algo parecido. Investigaciones publicadas en revistas de neurología observaron que ciertas dificultades para identificar aromas aparecen durante etapas tempranas del deterioro cognitivo leve.
La explicación todavía sigue estudiándose. Algunos investigadores creen que ciertas regiones cerebrales relacionadas con el procesamiento olfativo podrían verse afectadas desde fases muy iniciales de la enfermedad. Aun así, los especialistas aclaran algo importante: perder olfato no significa automáticamente desarrollar una enfermedad neurodegenerativa.
Qué ocurre en el cerebro cuando se perciben los olores
A diferencia de otros sentidos, el olfato tiene una ruta cerebral más directa. La información olfativa llega rápidamente al sistema límbico, un conjunto de estructuras relacionadas con memoria, aprendizaje y emociones.
Eso explica por qué algunos aromas activan recuerdos muy específicos incluso después de muchos años. El cerebro no interpreta un olor solamente como una molécula química: también lo asocia con experiencias previas.
Investigadores de Harvard Medical School estudiaron cómo ciertos estímulos olfativos activan circuitos neuronales vinculados con memoria autobiográfica y procesamiento emocional.
Qué descubrieron los estudios sobre olfato y enfermedades neurodegenerativas.
La neurocientífica también destaca otro aspecto poco habitual dentro del sistema nervioso: las neuronas olfativas tienen capacidad de regenerarse periódicamente, algo que sigue despertando mucho interés en investigaciones sobre plasticidad cerebral.
Cómo funciona el entrenamiento olfativo que estudia la neurociencia
Después de la pandemia crecieron mucho los estudios sobre entrenamiento olfativo. Algunos ejercicios utilizan aromas intensos y fáciles de identificar, como café, limón, clavo de olor o eucalipto.
La práctica consiste en oler conscientemente distintos aromas durante algunos minutos por día e intentar reconocerlos y diferenciarlos. Algunos especialistas creen que esto ayuda a estimular circuitos neuronales asociados con percepción y memoria.
La Cleveland Clinic explica que este tipo de entrenamiento empezó a utilizarse en pacientes con pérdida persistente del olfato después de infecciones virales.
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