En 2026, los productores enfrentan una campaña agrícola en la que producir se volvió más caro en términos reales que en el ciclo previo y donde cada decisión económico-financiera pesa más que en años anteriores.

El aumento del gasoil y de los fertilizantes pone bajo presión la ecuación económica del agro argentino. “Más allá de la recuperación productiva observada tras las sequías de las últimas campañas, los agricultores enfrentan hoy una estructura de costos significativamente más pesada, muy dolarizada y sensible a los movimientos internacionales de la energía”, afirma la economista Luciana Bilbao.

“El problema ya no pasa únicamente por el precio de los granos, sino por cuánto cuesta producir en cada hectárea. Mientras los cultivos muestran valores internacionales más bajos que en años anteriores, los principales insumos del sistema agrícola continúan ajustándose a precios internacionales, que aumentaron en los últimos meses”, resalta Bilbao, analista de la firma Gestor Max. “Por lo tanto, se está viviendo un inicio de campaña con muchísima cautela; hoy cualquier decisión financiera pesa mucho más que en 2024 o 2025”, advierte.

“Durante años, el agro argentino convivió con costos energéticos artificialmente bajos en términos internacionales. Hoy la producción vuelve a funcionar con valores mucho más alineados al mercado global, pero sin una mejora equivalente en el precio de los granos”, enfatiza.

Cambia la matriz insumo/producto

Más allá de los aumentos nominales de los costos, el dato más importante es que los granos hoy compran menos insumos, menos combustible y menos servicios que campañas atrás. Ahí aparece uno de los principales problemas de esta campaña: el deterioro de la relación insumo/producto. “Aunque los precios agrícolas mostraron cierta recuperación recientemente respecto de los mínimos, el avance de los costos fue mucho mayor. Por ejemplo, combustibles, labores, fletes y repuestos crecieron por encima de la evolución del valor de los granos”, diferencia Bilbao.

Los números muestran con claridad el deterioro de la capacidad de compra de los productores. Hoy se necesitan más toneladas de granos para afrontar los mismos costos. El caso del gasoil es uno de los más representativos: para adquirir 5000 litros, un productor necesita más del doble de toneladas de trigo o maíz que en diciembre de 2023.

Relación insumo producto para la campaña que comienza.

Los costos energéticos y financieros presionan

“Desde diciembre de 2023 hasta la actualidad, el gasoil acumuló un aumento cercano al 530%, en un contexto de normalización de precios internos y alineamiento con valores internacionales. Al mismo tiempo, los precios agrícolas evolucionaron en sentido contrario y cayeron, en promedio, alrededor de un 26,5% en el período”, compara Luciana. La consecuencia fue directa: los agricultores necesitan cada vez más dólares por hectárea para producir.

El gasoil ocupa un rol central dentro del esquema productivo agrícola. No solamente impacta en el uso directo sobre las labores, sino también sobre el labor cosecha, fletes y logística. “Las subas del gasoil comenzaron a acelerarse durante 2023, en un contexto de faltantes y fuerte distorsión de precios relativos. El combustible venía retrasado con respecto al dólar y al valor internacional del petróleo, mientras el Gobierno mantenía controles de precios y postergaba actualizaciones impositivas para contener la inflación”, rememora Bilbao.

El punto de inflexión llegó en diciembre de 2023, tras la devaluación inicial del nuevo gobierno, cuando el tipo de cambio oficial pasó de aproximadamente 365 pesos a la zona de 800 pesos. Las petroleras trasladaron rápidamente parte de esa corrección cambiaria y el gasoil registró aumentos acumulados cercanos al 65% solamente durante diciembre. La explicación económica fue clara: el combustible depende de componentes fuertemente dolarizados. A eso se sumó otro factor central durante 2024: la actualización de tributos que permanecían prácticamente congelados desde 2021, como el Impuesto a los Combustibles Líquidos y el Impuesto al Dióxido de Carbono.

Desde entonces, el mercado comenzó un proceso de normalización orientado a acercar el valor local del gasoil a la llamada “paridad de importación”, es decir, al costo equivalente de importar combustible desde el exterior. A esa dinámica interna se sumó, durante 2026, una nueva presión internacional. El petróleo Brent registró fuertes subas impulsadas por la escalada del conflicto en Medio Oriente, que generó riesgos de abastecimiento global y por la incertidumbre geopolítica vinculada a Irán.

“En los momentos de mayor tensión, el crudo llegó a superar los 120 dólares por barril; desde comienzos de año hasta su pico, en marzo de 2026, el Brent acumuló una suba cercana al 80%” compara la analista. Posteriormente corrigió parcialmente, aunque terminó consolidando un aumento promedio cercano al 40%. Para el agro, el impacto fue inmediato: subieron los combustibles, tarifas de labores, transporte y costos logísticos.

La situación se volvió todavía más compleja en fertilizantes. La urea acompañó inicialmente la suba del petróleo y entre enero y mayo acumuló un aumento cercano al 74%, impulsada por mayores costos energéticos, restricciones globales de oferta y tensiones geopolíticas. Sin embargo, cuando el Brent comenzó a corregir parcialmente, los fertilizantes no mostraron la misma reducción. Eso generó uno de los principales problemas económicos para la campaña agrícola actual: muchos costos quedaron “arriba”, mientras los granos no lograron recuperar precios en la misma magnitud. En otras palabras: hoy el productor necesita más quintales para comprar fertilizante, almacenar combustible o contratar labores que en campañas anteriores.

Por otro lado, los productores no solo enfrentan costos más altos. También afrontan mayores necesidades de capital de trabajo. Con tasas reales positivas, menor liquidez y precios agrícolas más ajustados, el costo financiero volvió a ocupar un lugar central en la toma de decisiones.

“En muchas zonas, la elección de un cultivo ya no está asociada únicamente a la rentabilidad esperada, sino a la capacidad financiera para sostener el ciclo productivo completo”, alerta Luciana.

Más capital para producir lo mismo

Un efecto del nuevo escenario descripto se asocia con mayores necesidades financieras. Aunque algunos márgenes brutos 2025/26 mostraron recuperaciones parciales gracias a rindes mayores a los esperados al momento de siembra, hoy los productores necesitan mucho más capital de trabajo para sostener la misma área sembrada y el nivel de producción.

Un efecto visible de esta transformación aparece en el peso creciente del costo de la cosecha sobre el ingreso bruto. Entre diciembre 2023 y abril 2026, el peso del servicio de cosecha sobre el ingreso bruto aumentó 10% en trigo; 5% en maíz y 2% en soja. Eso significa que una mayor proporción de lo facturado por el productor comenzó a destinarse al pago de labores vinculadas directamente al uso intensivo de combustible y maquinaria. En otras palabras: el costo energético ganó participación dentro de la renta agrícola. La explicación es directa: el contratista agrícola trasladó a tarifa gran parte del aumento de costos.

En paralelo, la baja de retenciones mejoró parcialmente algunos precios netos recibido por los productores y permitió cierta recomposición de márgenes. Sin embargo, el alivio no alcanzó para neutralizar completamente el aumento de combustibles, logística e insumos. Especialmente en regiones alejadas de los puertos, la mejora en ingresos terminó siendo absorbida, en gran parte, por el aumento de costos operativos.

En síntesis: la campaña agrícola 2026/27 tiene dos factores que juegan en contra de los resultados económicos: precios de venta de los granos ubicados por debajo del promedio de los últimos cinco años y costos que superan a los vigentes en ese período. A favor, están los pronósticos de buenas lluvias primavero-estivales, que podrían asociarse a la obtención de rindes de tendencia o mayores. “En ese sendero estrecho deberán transitar los agricultores, que obligadamente deberán ser muy eficientes en el manejo agronómico de los cultivos y evitar errores en las distintas etapas de la producción A la vez, tendrán que analizar permanentemente las relaciones insumo/producto y decidir rápido compras oportunas de insumos. Por último, más que nunca, tendrán que utilizar las herramientas de cobertura que permitan aprovechar las oportunidades de mejores precios que, en algunos momentos, se generarán en los mercados de granos”, concluye.