Según unos supuestos documentos confidenciales del Pentágono filtrados a fines del mes de abril, el Gobierno de los Estados Unidos estaría analizando la posibilidad de retirar su tradicional apoyo a Gran Bretaña en el diferendo que los ingleses mantiene con nuestro país por la soberanía de las Islas Malvinas y del Atlántico Sur.
El derecho internacional y la geopolítica tienen, sin duda, mucho que ver, tanto en la filtración (indudablemente intencional) como en las relaciones ya desgastadas entre la administración de Donald Trump y Gran Bretaña, ante su negativa de acompañar la campaña militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra el régimen iraní.
Aunque la información fue rápidamente desmentida y minimizada por el Secretario de Estado norteamericano Marco Rubio (quien reafirmó la “neutralidad” de su país en el conflicto por las islas), generó un terremoto diplomático, obligando a los Gobiernos tanto de Gran Bretaña como de Argentina a reafirmar públicamente su soberanía sobre las islas.
¿Por qué un trascendido vago a la prensa internacional, generó tanto revuelo global? La mera posibilidad de que Estados Unidos vote en las Naciones Unidas a favor de la Argentina en materia de soberanía de las Islas Malvinas, rompe con más de cuatro décadas de alineamiento común con la postura británica sobre la soberanía del archipiélago.
Y aquello no es poca cosa en la materia del derecho internacional. Es que el argumento británico de mayor peso para sostener sus derechos colonialistas, se basa no sólo en la “autodeterminación” de los isleños, sino también en el apoyo del llamado bloque anglosajón liderado por EE.UU en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Es que las resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea de Estados de la ONU son de las principales fuentes del derecho internacional a la hora de definir la soberanía de los Territorios de Ultramar y Dependencias de la Corona, que Gran Bretaña aún conserva en el mundo.
Tradicionalmente, además de EE.UU, los países de la Unión Europea y los miembros de la Commonwealth han venido apoyando al Reino Unido en su ya desgastado reclamo de soberanía sobre las Malvinas.
Con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea tras el llamado Brexit, Europa dejó de expresar una solidaridad absoluta con el reino, y pasó a considerar a las islas (reconociendo a la par los nombres “Malvinas” y “Falklands”) no ya como dependencia británica sino en calidad de “Territorio en Disputa”. Este cambio se enlaza con la posición de las Naciones Unidas, cuyo Comité Especial de Descolonización reconoce a las islas como un “caso de descolonización colonial especial”.
Si sumamos a la pérdida del respaldo irrestricto europeo a un posible cambio de postura del gobierno estadounidense (hacia un respaldo abierto a Argentina o, al menos, un “no apoyo” a Gran Bretaña), estaríamos en un escenario significativamente distinto, que podría llevar a otros países a inclinarse en favor de la Argentina.
Las Malvinas fueron, son y serán argentinas tanto por historia como por geografía. Si el Reino Unido puede aún decir que tiene soberanía sobre ellas ha sido pura y exclusivamente porque gran parte de la Comunidad Internacional lo permitió. Así, la estrategia del Gobierno de Javier Milei de incluir en la agenda el derecho internacional, buscando el aislamiento británico en la ONU, significa una jugada de ajedrez, con vías tangibles de ser exitosa.
Hacemos votos para que eso ocurra más pronto que tarde.
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