Aunque la campaña maicera 2025/26 se acerca a su final y gran parte de los lotes ya transitan etapas avanzadas o incluso fueron cosechados, la chicharrita del maíz continúa mostrando una fuerte presencia en amplias regiones productivas del país. Así lo revela el 43° informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, correspondiente al período comprendido entre el 17 y el 31 de mayo de 2026.
Los datos vuelven a mostrar un comportamiento heterogéneo del insecto vector del complejo de enfermedades asociadas al achaparramiento del maíz. Mientras que el NOA, el NEA y la región Centro-Norte registran los mayores niveles de abundancia, en el Centro-Sur y el Litoral la dinámica poblacional se mantiene relativamente estable.
Para los especialistas, el escenario actual confirma que la vigilancia no debe relajarse pese al avance de la cosecha.
“Este escenario refuerza la importancia de sostener el monitoreo de adultos de Dalbulus maidis durante todo el año, aun cuando gran parte de los maíces tardíos se encuentren en estadios reproductivos avanzados o hayan sido cosechados”, señaló Alejandro Vera, coordinador de la Red Nacional de Monitoreo.
Según explicó el técnico, el seguimiento permanente de las poblaciones permite detectar tempranamente cambios en la dinámica regional del insecto y anticipar posibles incrementos del riesgo sanitario para la próxima campaña.
El peligro silencioso de los maíces guachos
Uno de los principales focos de preocupación para los especialistas son los maíces voluntarios o "guachos" que permanecen en los lotes luego de la cosecha.
“La presencia de maíces voluntarios en lotes de maíz temprano ya cosechados constituye un componente epidemiológico de alta relevancia, ya que actúan como un puente verde que favorece la supervivencia del vector”, advirtió Vera.
Estos hospederos permiten que las poblaciones de Dalbulus maidis encuentren refugio y alimento durante los meses de invierno, facilitando su permanencia hasta la próxima campaña.
El riesgo se incrementa especialmente en aquellas regiones donde las heladas son tardías, poco frecuentes o de baja intensidad.
“La persistencia de hospederos verdes favorece la supervivencia del Dalbulus maidis durante el período invernal, incrementando el riesgo de colonización temprana de los cultivos y la presión inicial de inóculo en la próxima campaña”, explicó el coordinador.
NOA: continúa siendo la región más comprometida
La situación más compleja sigue observándose en el Noroeste Argentino, considerado una de las zonas endémicas de la plaga.
En esta región, el 94% de las trampas relevadas se ubicó sobre cultivos de maíz y las capturas continuaron en niveles elevados.
El 77% de las localidades monitoreadas registró más de 100 adultos por trampa, aunque el dato representa una leve mejora respecto del relevamiento anterior, cuando esa proporción alcanzaba al 94% de los sitios evaluados.
La disminución no implica una reducción significativa del riesgo, ya que las poblaciones continúan siendo muy altas para esta época del año.
NEA: fuerte crecimiento de las capturas
La otra región endémica del país, el Nordeste Argentino, mostró un escenario incluso más preocupante.
Con el 84% de las trampas instaladas sobre maíces, principalmente en estado reproductivo avanzado (R6), los monitoreos detectaron un incremento significativo en el promedio de capturas.
Más de la mitad de las localidades relevadas (55%) registró niveles superiores a los 100 adultos por trampa, consolidando la tendencia de crecimiento observada durante las últimas semanas.
Centro-Norte: aumenta la presión poblacional
Otra de las regiones donde la chicharrita mantiene una fuerte presencia es el Centro-Norte del país.
Allí, el 95% de las trampas registró capturas y el 81% de los sitios monitoreados se ubicó en la categoría de máxima abundancia, con más de 100 adultos por trampa.
Estos números reflejan una elevada presión poblacional del vector y obligan a mantener una vigilancia estrecha sobre la evolución de las poblaciones durante los próximos meses.
Litoral y Centro-Sur: estabilidad, pero sin descuidarse
En el Litoral, el 94% de las trampas registró presencia de Dalbulus maidis, aunque solo el 26% alcanzó capturas superiores a los 100 individuos. Los mayores niveles se concentraron principalmente en la provincia de Entre Ríos.
Por su parte, la región Centro-Sur continúa siendo la zona con menor presión de la plaga.
El 42% de las localidades monitoreadas no registró presencia del insecto, mientras que apenas el 13% mostró capturas superiores a los 100 adultos por trampa.
Según los especialistas, estos datos indican una situación estable, aunque advierten que las condiciones ambientales y la presencia de maíces voluntarios pueden modificar rápidamente el escenario.
Niveles moderados del patógeno
Además del monitoreo de las poblaciones del vector, el informe incorporó evaluaciones sobre la presencia de Corn Stunt Spiroplasma (CSS), uno de los principales patógenos asociados al complejo de achaparramiento del maíz.
Los análisis realizados en tres localidades del NOA detectaron porcentajes de portación entre bajos y moderados, una situación que por el momento no genera alarma, aunque refuerza la necesidad de continuar con el seguimiento epidemiológico.
Mirando hacia la campaña 2026/27
Con la cosecha avanzando y la planificación de la próxima campaña en marcha, los especialistas coinciden en que la clave estará en reducir al máximo los reservorios que permiten la supervivencia de la plaga.
El control de maíces guachos, el monitoreo permanente y el seguimiento de las poblaciones durante el invierno aparecen hoy como las principales herramientas para evitar que la chicharrita vuelva a convertirse en un problema de gran magnitud durante la campaña 2026/27.
La experiencia reciente demostró que anticiparse es mucho más efectivo que reaccionar cuando el problema ya está instalado en el lote. Por eso, aun con los cultivos cosechados, la vigilancia continúa siendo la mejor estrategia.
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