El desierto de Taklamakán, ubicado en el extremo occidental de China, está expandiéndose y consumiendo tierras fértiles a un ritmo alarmante, generando inquietud en las autoridades de Pekín. Para contrarrestar esta desertificación, ingenieros comenzaron a implementar un material cuya efectividad fue probada en la Luna, uno de los ambientes más áridos y hostiles conocidos. Este mismo compuesto, utilizado en la misión Chang'e 6 que en 2024 trajo muestras del lado oculto de la Luna, se perfila como una solución crucial para detener el avance del desierto y fortalecer la seguridad alimentaria nacional.

Durante años, China emprendió una lucha silenciosa contra la expansión de sus desiertos. El proyecto de la Gran Muralla Verde, una iniciativa ambiciosa para revertir la degradación de suelos fértiles en zonas áridas, tiene un frente activo en Xinjiang, la región autónoma uigur al oeste del país. Allí se encuentra el Taklamakán, el desierto más grande de China y el segundo desierto de arena móvil a nivel global. Para su contención, se ha establecido un perímetro con vegetación resistente a la sequía y tecnologías de fijación de arena, como el uso de redes de paja.

Recientemente, el Instituto de Ecología y Geografía de Xinjiang (XIEG), adscrito a la Academia China de Ciencias, ha puesto en marcha una serie de proyectos innovadores. Estos se centran en el control de la arena, la prevención de la desertificación, y la gestión de la erosión eólica y la salinidad del suelo. El propósito fundamental es erigir una barrera ecológica que salvaguarde las tierras cultivables de la región.

En un ambiente frágil, la conservación de los pastizales protege el suelo de la desertificación

Entre los materiales novedosos que se implementarán en los límites del Taklamakán, destaca la fibra de basalto. Este es un material de alto rendimiento que se produce a partir de roca volcánica fundida. El proceso implica calentar basalto a temperaturas extremadamente elevadas y luego forzar el paso de la roca fundida a través de boquillas minúsculas para generar filamentos. Estos filamentos pueden tejerse en telas o combinarse con otros compuestos. Según la Universidad Textil de Wuhan, su costo es inferior al de la fibra de carbono.

La eficacia de este material ya fue demostrada más allá de la Tierra. En 2024, la misión lunar Chang'e 6 —la primera en la historia en recolectar muestras del lado oculto de la Luna— desplegó en la superficie lunar una bandera china confeccionada con fibra de basalto. Este material le permitió soportar las temperaturas extremas y la intensa radiación ultravioleta del entorno lunar sin que sus colores se deterioraran. Esta misma lógica se aplica ahora al desierto, un ambiente igualmente hostil donde los materiales convencionales se degradan rápidamente.

Buscan evitar que la arena invada tierras productivas.

La fibra de basalto también está siendo objeto de investigación para la futura construcción de una base lunar, aprovechando la abundancia de esta roca en la Luna. China y Rusia planean establecer la Estación Internacional de Investigación Lunar en la región del polo sur lunar antes de 2035. Además de la fibra de basalto, los proyectos de ingeniería chinos contemplan el uso de cenizas volantes, un subproducto sólido de las centrales eléctricas de carbón que puede transformarse en materiales de construcción como ladrillos.

La arena no es el único desafío. En el sur de Xinjiang, la salinización del suelo amenaza las tierras cultivables. El investigador Xiao Huijie, del XIEG (Instituto de Ecología y Geografía de Xinjiang), dirige un proyecto específico para contrarrestar la erosión eólica y la salinización. "Los terrenos agrícolas no solo pueden protegerse de la arena, sino también de la salinidad", afirmó al Science and Technology Daily. Su equipo se enfocará en optimizar el diseño de bosques protectores contra el viento, desarrollar sistemas de riego inteligente para la eliminación de sal, e implementar tecnologías de drenaje mediante tuberías subterráneas y pozos verticales. Todo esto se apoyará en un sistema de diagnóstico inteligente y de soporte a la toma de decisiones para la vigilancia y alerta temprana ante riesgos de arena, viento y salinidad.

Xinjiang se destaca como una de las regiones agrícolas más productivas de China. Durante años, vastas extensiones de desierto y suelo salino han sido transformadas para sostener la producción de cultivos, en línea con la estrategia nacional de seguridad alimentaria. Pei Liang, investigador del XIEG y científico jefe del proyecto de nuevos materiales para el control de la desertificación, indicó al mismo medio que esta iniciativa busca incrementar la eficiencia de las obras de control en un 50% y reducir sus costos en un 30%.