A los veinte, conocer gente nueva parece estar a la orden del día. La universidad, las salidas nocturnas, los grupos de amigos o las redes sociales generan encuentros constantes. Las amistades aparecen con mayor espontaneidad y la sensación de pertenecer a distintos círculos sociales suele darse casi sin esfuerzo. Sin embargo, ese escenario cambia después de los 50. Las dinámicas se modifican, los espacios para conocer personas nuevas se reducen y muchas veces los vínculos ya establecidos ocupan un lugar más cerrado.

La rutina, las responsabilidades o los cambios familiares pueden influir en una vida social más reducida. A esto se suma un prejuicio silencioso: la idea de que, después de cierta edad, ya no es tan sencillo hacer nuevos amigos.

La psicóloga Bárbara Abadi dice al respecto: “A los 50 las personas ya tienen una historia vincular larga, una trayectoria de vida y de relaciones que dejaron marcas. Eso las puede volver más selectivas e incluso a la defensiva”. Y agrega: “Observo que la falta de vínculos significativos puede profundizar cuadros depresivos, incrementar la angustia, dificultar duelos y, en muchos casos, acelerar un deterioro que no es sólo psicológico y emocional, sino también cognitivo”.

Cenar con desconocidos

¿Cómo ampliar el círculo después de los 50? Timeleft y MeetUp, por ejemplo, son plataformas que proponen y organizan cenas grupales entre desconocidos y actividades según intereses y rangos etarios similares.

Florencia, quien asistió a una de estas cenas, señala que a lo largo de los días la aplicación comparte datos (nacionalidades, signos zodiacales y otros datos de las personas que se conocerán), y el mismo día precisa dónde será la cita. “En nuestro caso tocó el restó Casa Gin, que me pareció muy adecuado. Éramos tres varones y tres mujeres de un rango etario muy similar y de distintos países. Me fui al terminar la cena, pero varios se quedaron hasta más tarde compartiendo”, relata.

Organizan cenas grupales entre desconocidos y actividades según intereses y rangos etarios similares. Foto: ilustración Shutterstock.

Para Abadi pueden funcionar como una puerta de entrada, aunque cree que “si alguien llega a una cena esperando que el algoritmo resuelva lo que el vínculo requiere -apertura al otro, tiempo, exposición mutua, tolerancia a la diferencia-, se va a decepcionar. Las apps pueden ayudar a generar el encuentro inicial, pero el vínculo lo construyen las personas, y eso no se automatiza”.

Otras ideas para conocer gente nueva

Otra novedad es el “Tinder de pádel”, que busca conectar jugadores según su nivel y disponibilidad para organizar partidos con personas que no conocen.

La rutina, las responsabilidades o los cambios familiares pueden influir en una vida social más reducida. Foto: ilustración Shutterstock.

Por otra parte, el Gobierno de la Ciudad organiza y acompaña talleres culturales y recreativos como clases de yoga, de tango o de folklore, así como encuentros gratuitos en plazas y parques con caminatas, running o baile. Por ejemplo, Eva, divorciada de 52 años que tomó clases en el Centro Educativo del Tango de Buenos Aires, cuenta que si bien no asistía con la finalidad de generar nuevos vínculos, creó “amistades muy cálidas” que la hacen sentir más acompañada.

En cuanto a clubes de lectura, Polisemia -que debe su nombre justamente a la multiplicidad de significados que puede nacer de una lectura colectiva- es uno de los espacios independientes más reconocidos de la ciudad. Declarado de Interés Cultural por la Legislatura porteña y con doce años de trayectoria, cuenta con un formato presencial y otro virtual que fue adoptado a partir de la pandemia.

Ester Díaz, fundadora del club, explica: “La literatura nos conecta con nuestras emociones, con personajes con los que podemos identificarnos, y eso aparece relacionado con anécdotas personales. La lectura es un disparador para repensarnos y en esas reflexiones se van generando vínculos”.

El algoritmo no puede ahorrar el trabajo vincular. El riesgo es quedarse en la superficie, coleccionar encuentros sin que ninguno profundice. Eso suele generar frustración, hastío e incluso autodesvalorización”, dice Abadi, y cierra: “Creo que los vínculos presenciales, por intereses y en ámbitos de aprendizaje, generan más y mejores conexiones. Hay complicidad, compañerismo que nace desde un encuentro cotidiano”.