Un equipo liderado por la Autoridad de Antigüedades de Israel y la Universidad de Haifa, con el respaldo de la empresa Ayalon Highways, descubrió y excavó una cueva de una antigüedad estimada en 300.000 años, un yacimiento que se conservó intacto como una cápsula del tiempo sellado desde los tiempos de la cultura Acheulo-Yabrudiana.

Las exploraciones iniciales revelaron herramientas de sílex, huesos de animales como gamos, gacelas y caballos antiguos, y pruebas contundentes del uso controlado del fuego. Estos indicios sugieren la presencia de una comunidad compleja y activa en la región, mucho antes de la aparición de los neandertales y los humanos anatómicamente modernos.

Parte de las reliquias halladas. Foto: AFP

El extraordinario estado de conservación de este yacimiento ha asombrado a los investigadores, quienes lo consideran excepcional. La cueva se mantuvo inalterada por cientos de miles de años, proporcionando un registro estratigráfico prístino, libre de contaminaciones posteriores. Esta preservación única ofrece una oportunidad invaluable para investigar aspectos cruciales sobre la adaptación de estos grupos humanos a su entorno, sus métodos de cooperación social y las innovaciones que desarrollaron en la creación de herramientas y el dominio del fuego.

La cuieva se mantuvo intacta por cientos de miles de años. Foto: AFP

Los directores del proyecto han iniciado una investigación exhaustiva, con la expectativa de que revele nuevos conocimientos sobre la vida prehistórica en la región del Levante. A futuro, se contempla la posibilidad de abrir la cueva al público. Esto permitiría a los habitantes de Fureidis, a los estudiantes locales y a todos los entusiastas de la prehistoria, establecer una conexión directa con este singular vestigio de un pasado lejano.

A futuro, se contempla la chance de abrir la cueva al público. Foto: AFP

Este descubrimiento se enmarca dentro del complejo cultural Acheulo-Yabrudiano, un conjunto de tradiciones arqueológicas que florecieron en el Levante hacia el final del Paleolítico Inferior. Esta cultura, también identificada como Tradición Mugharan o AYCC, se sitúa cronológicamente después del Achelense y antes del Musteriense. De este modo, ocupa una posición transicional clave en la evolución de la tecnología lítica y la organización social humana.

Dentro del complejo Acheulo-Yabrudiano, se han identificado tres distintas tradiciones en la fabricación de herramientas de piedra, las cuales muestran cierta superposición geográfica y temporal en lugar de una sucesión estricta. La tradición Yabrudiense se distingue por el uso predominante de raspadores gruesos, elaborados con un retoque abrupto conocido como retoque Quina. La tradición Acheuleo-Yabrudiense, por su parte, integra tanto los raspadores yabrudientes como los bifaces o hachas de mano característicos del Achelense. Finalmente, la tradición Pre-Auriñaciense o Amudiense se caracteriza por la prevalencia de hojas y utensilios derivados de ellas, marcando una importante innovación tecnológica.

La cronología del complejo Acheulo-Yabrudiano ha presentado desafíos históricos, dado que las excavaciones fundamentales se realizaron entre las décadas de 1930 y 1950, previo a la aparición de los métodos de datación radiométrica modernos. No obstante, investigaciones recientes en las cuevas de Qesem y Tabun, empleando técnicas avanzadas, han proporcionado dataciones más exactas. Estos estudios sugieren que la fase más antigua de esta cultura se remonta a unos 350.000 años antes del presente, con los vestigios más recientes no excediendo los 200.000 años. Tales hallazgos indican una transición relativamente veloz entre el Paleolítico Inferior y el Medio, acontecida hace aproximadamente 215.000 años en un lapso de solo 30.000 años. Sin embargo, algunos expertos proponen una cronología inicial aún más antigua, situando el comienzo de este complejo entre 400.000 y 220.000 años antes del presente.

Entre los sitios arqueológicos más relevantes de esta tradición se encuentra el abrigo de Yabrud I en Siria, que da nombre a una de las tradiciones líticas, y ahora se suma la recién descubierta y en excavación cueva de Fureidis. En el Monte Carmelo israelí, se ubican varios yacimientos cruciales: las cuevas de Tabun, Misliya y Mugharet el-Zuttiyeh, esta última en el valle de Nahal Amud, conocida por los restos del 'Hombre de Galilea'.

La cueva de Qesem, el sitio más austral hasta la fecha, ha sido fundamental para ajustar la cronología del complejo. La cueva de Fureidis enriquece este panorama de hallazgos excepcionales, con la ventaja de que su reciente descubrimiento permite la aplicación inmediata de las más modernas técnicas de investigación. Los arqueólogos esperan que el estudio de los restos faunísticos, la disposición de las hogueras y la clasificación de lascas y núcleos de sílex, ofrezca una reconstrucción detallada de la movilidad, las estrategias de caza y las interacciones sociales de los grupos humanos que poblaron las colinas al sur de Haifa hace 300.000 años.