Hay hombres que están atentos a la dirección del viento y eso les permite anticiparse a lo que vendrá para tomar mejores decisiones. Es el caso de muchos molineros, que responden a esa sentencia en sus sentidos literal y figurado. Es que el oficio del molinero siempre estuvo ligado con los vientos, ellos son los encargados de que los gigantes de hierro se acoplen bien a las corrientes para usar la energía eólica en el bombeo de agua subterránea. Una figura clave en el campo, rescatistas de urgencia que llegan con lubricantes y repuestos para saciar la sed del rodeo.
Pero en los últimos tiempos, los aires los han obligado a reinventarse para no quedar como restauradores de antigüedades. Nuevas tecnologías llegan al campo para brindar un uso más eficiente de la energía, y en pleno “boom ganadero”, los nuevos molineros están dando el salto al futuro.
La historia de José Bollino es un ejemplo claro de esa transformación. Su recorrido, desde tareas rurales tradicionales hasta el desarrollo de soluciones tecnológicas vinculadas al agua y la energía, refleja el camino que muchos profesionales deben recorrer en un contexto marcado por el auge de la ganadería y la irrupción de nuevas herramientas.
Bollino se crió en una quinta en las afueras de Pehuajó. Sus primeros pasos laborales estuvieron ligados a trabajos rurales diversos, donde fue construyendo una base sólida de conocimientos prácticos. Más tarde, se especializó como alambrador y, casi en paralelo, comenzó a involucrarse en el mantenimiento de aguadas, un servicio clave para el funcionamiento de cualquier establecimiento ganadero.
Los tanques de plástico de tres metros de alto y las bombas solares son la nueva tendencia en aguadas para el campo.
Con el tiempo, su nombre empezó a circular entre productores de la zona. Hace alrededor de una década, ya era reconocido por su trabajo en la reparación de molinos y sistemas de agua. Pero lejos de conformarse, comenzó a profesionalizar su actividad: incorporó stock de repuestos —cuero de molino, pistones, válvulas— y ganó eficiencia en cada intervención. Ese fue el primer paso de una reconversión que no se detendría.
El punto de inflexión llegó durante la pandemia. Ante la caída de la demanda de algunos servicios tradicionales, Bollino detectó una oportunidad. Compró un molde y empezó a fabricar bebederos de hormigón. “Todo se fue dando por necesidad”, resume. Lo que comenzó como una solución puntual, pronto se transformó en una nueva unidad de negocio. Con el tiempo sumó más moldes, amplió la producción y, hace tres años, abrió un local propio en Pehuajó.
Hoy, junto a su hermano Federico, lidera una empresa que combina industria y servicios. Manejan una fábrica de premoldeados donde producen bebederos, tanques y alcantarillas, y coordinan dos cuadrillas de trabajo que recorren la región brindando soluciones en los campos. Pero el verdadero diferencial de su propuesta está en la incorporación de nuevas tecnologías.
La fabricación de premoldeados para hacer tanques y bebederos, una de las etapas del desarrollo profesional de Bollino.
En un contexto de “boom ganadero”, Bollino supo leer hacia dónde se dirige la demanda. "La expansión de la actividad, junto con la conversión de campos agrícolas en ganaderos, está impulsando la instalación de sistemas de agua más eficientes", asegura. Allí aparecen las bombas solares, los tanques elevados y las redes de distribución hacia bebederos, muchas veces móviles, pensados para sistemas de pastoreo rotativo.
“Hoy se está pidiendo mucha instalación en los campos”, explica. Las bombas solares, en particular, marcan un cambio de paradigma: funcionan incluso en días nublados, permiten reducir costos operativos y se adaptan a distintos caudales según la necesidad. A su vez, los tradicionales tanques australianos comienzan a ceder terreno frente a los tanques verticales de plástico, que ofrecen ventajas en limpieza, presión y costos de instalación.
Lejos de abandonar su oficio original, Bollino continúa realizando mantenimiento de molinos. Sin embargo, ese trabajo hoy forma parte de una oferta mucho más amplia. Reparaciones, perforaciones —para lo cual adquirió equipamiento específico—, instalación de paneles solares y soluciones para el hogar, como termotanques solares, completan un portfolio que combina tradición e innovación.
El radio de acción de la empresa abarca Pehuajó y una amplia región de hasta 200 kilómetros a la redonda. Pero más allá del alcance geográfico, lo que define su crecimiento es la capacidad de adaptación. Bollino y su equipo se capacitan de manera constante, incorporando conocimientos que les permiten mantenerse a la vanguardia de un sector en plena transformación.
Su historia ilustra un fenómeno más amplio. En un campo que cambia, donde la eficiencia y la tecnología ganan protagonismo, los oficios tradicionales se redefinen. El molinero, figura histórica asociada al viento y al bombeo de agua, hoy convive con paneles solares, automatización y nuevos materiales.
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