La irrupción de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo abrió una nueva discusión de fondo sobre cómo se redistribuirá la riqueza en una economía cada vez más automatizada. En este contexto, Elon Musk llevó a otro nivel una de sus ideas más polémicas: la implementación de un sistema de “ingresos universales altos” para contrarrestar al desempleo masivo que podría generar la IA.

A través de un posteo en la red social X, el CEO de Tesla y SpaceX sostuvo que la mejor manera de enfrentar la pérdida de puestos laborales es mediante cheques emitidos por el gobierno federal. Según su visión, la automatización impulsada por la IA y la robótica generará tal nivel de productividad que permitirá financiar este esquema sin provocar inflación.

“La IA/robótica producirá bienes y servicios en exceso de lo que aumente la oferta monetaria”, argumentó Musk, sugiriendo que el crecimiento de la producción compensaría cualquier expansión del dinero en circulación.

De la renta básica al “ingreso alto”

Elon Musk volvió a utilizar su cuenta en "X" para hablar sobre el impacto de la IA.

La propuesta de Musk no es alocada, ni mucho menos. Está basada en el concepto de ingreso básico universal, una idea que circula desde hace décadas y que él mismo apoya públicamente desde 2016. Incluso, en 2019 respaldó la candidatura presidencial de Andrew Yang, quien promovía un esquema similar bajo el nombre de “Freedom Dividend”.

Sin embargo, el empresario fue un paso más allá en los últimos años. Ya no habla de un ingreso mínimo garantizado, sino de un “ingreso universal alto”, lo que implica un nivel de transferencia estatal suficiente para sostener un estándar de vida elevado en un escenario donde el trabajo humano podría volverse menos central.

Durante una intervención reciente en un foro de inversión, Musk incluso planteó un escenario optimista en el que la IA genere un nivel de prosperidad “difícil de imaginar”, con abundancia de bienes y servicios.

Esa visión se conecta con una de sus predicciones más disruptivas: que el trabajo dejará de ser una obligación. Musk proyecta que, en un horizonte de entre 10 y 20 años, la automatización podría cubrir prácticamente todas las necesidades materiales.

Elon Musk asegura que el trabajo será "opcional". Foto: EFE

“Mi pronóstico es que el trabajo será opcional”, sostuvo en un foro internacional, donde comparó el empleo del futuro con actividades que hoy se realizan por gusto, como cultivar un huerto propio. En ese escenario, las personas trabajarían por elección y no por necesidad económica.

El corazón de esa transformación estaría en los robots humanoides, como el proyecto Optimus de Tesla. Según Musk, estos sistemas podrían encargarse de tareas físicas y cognitivas a gran escala, reduciendo drásticamente la demanda de trabajo humano y, en consecuencia, eliminando la pobreza.

Fin del dinero y una economía distinta

Según Musk, si la producción se vuelve prácticamente ilimitada gracias a la IA, el dinero podría perder sentido. De acuerdo a su pensamiento, en una economía basada en la abundancia, donde bienes y servicios sean accesibles sin restricciones, el intercambio monetario dejaría de ser central.

Esta idea, inspirada en modelos de ciencia ficción como la saga “Culture”, describe una sociedad donde la escasez desaparece y, con ella, las estructuras económicas tradicionales.

El empresario también endureció su discurso en los últimos meses al asegurar que la humanidad ya ingresó en la llamada singularidad tecnológica, un punto en el que el avance de la inteligencia artificial se vuelve exponencial e impredecible.

Según esta visión, los sistemas actuales no solo automatizan tareas, sino que aceleran la innovación a un ritmo sin precedentes. Musk incluso puso una fecha tentativa: 2026 como un año clave en el que este proceso se volverá evidente.

El concepto, desarrollado por teóricos como Ray Kurzweil, plantea que una vez que la IA supere la inteligencia humana, podría comenzar a mejorarse a sí misma, generando un ciclo de crecimiento difícil de controlar.

El contrapunto dentro de la industria

Jensen Huang, CEO de Nvidia, tiene una visión diferente. Foto: Bloomberg

Pero esta discusión no se limita a las ideas de Musk: son varias las voces que se muestran a favor y en contra de medidas que amortigüen el impacto social de la IA.

Desde OpenAI, su CEO Sam Altman publicó un documento donde propone la creación de un fondo público de riqueza que permita a los ciudadanos participar de los beneficios económicos generados por estas tecnologías.

Por otro lado, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, planteó que la IA no reducirá el trabajo, sino que lo multiplicará. Según su enfoque, una mayor productividad permitirá encarar más proyectos y aumentará la demanda de actividad humana, en lugar de reemplazarla.

En la vereda opuesta a este enfoque se ubica el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, quien advirtió que la inteligencia artificial podría profundizar la desigualdad si no se gestiona adecuadamente. En particular, cuestionó la idea de reducir el rol del Estado en plena transición tecnológica.

También hay resistencias dentro del propio ecosistema tecnológico. Inversores como Marc Andreessen o figuras vinculadas a políticas públicas como David Sacks criticaron el ingreso universal, al considerar que podría desalentar la productividad y generar dependencia del Estado.

Ante este escenario, la idea de Musk —financiada por una economía hiperproductiva y sin inflación— aparece tanto como una solución audaz como un experimento difícil de implementar. Entre una utopía de abundancia sin trabajo y un futuro de mayor desigualdad, la discusión sobre la IA ya no gira solo en torno a la tecnología, sino al modelo de sociedad que llegará como consecuencia.

SL